Relato nuevo, relato reconocible

Vía Crucis con el Santísimo Cristo de la Providencia | ÁLEX GALLEGOS

De un tiempo a esta parte, la jornada es más intensa si cabe. Si a lo largo del día, muy especialmente en las horas centrales de la mañana, la plaza de Capuchinos es un mar devocional, la tarde noche se torna solemne. El Viernes de Dolores es, desde hace ya unos cuantos años, un largo día para los cofrades de Córdoba, que comienzan con su veneración a Nuestra Señora de los Dolores o Nuestra Señora de la Paz y Esperanza y concluye con diversos Vía Crucis. Más de una decena tienen lugar en muy diferentes rincones de la ciudad, desde Las Palmeras hasta El Alpargate. Incluso en la sierra, allí en el Santuario de Santo Domingo de Scala Coeli. Cada cita, que son otras muchas en otros muchos templos hora tras hora, conforma un relato reconocible.

Es el guion de la jornada de vísperas de la Semana Santa por antonomasia. La misma en que también es posible avanzar con paso calmo pero seguro hacia el futuro. Es lo que hizo este año la Fraternidad de la Providencia, radicada en un templo en el que las cofradías siempre tuvieron las puertas abiertas. Algunas como la Sagrada Cena o la Estrella, ahora asentadas y queridas en otras feligresías, lo saben bien. Más si cabe lo reconocen el Vía Crucis, la Santa Faz y el Perdón, ésta con sede en San Roque y adscrita a la misma parroquia. Es la de San Juan y Todos los Santos, más conocida como La Trinidad. Todas ellas crecieron y lograron su sello propio al calor de Antonio Gómez Aguilar, antiguo párroco, como lo hacen ahora al de José Juan Jiménez Güeto, actual sacerdote.

Lo cierto es que la Fraternidad de la Providencia impartió una lección de cómo caminar hacia delante con seriedad pero con garantías. Este Viernes de Dolores era el día en que había de realizar su tradicional Vía Crucis con la imagen de su titular. Pero en esta ocasión la cita tenía un carácter especial. Por primera vez, la imagen del Santísimo Cristo de la Providencia caminaba sobre paso y no portado a hombros de hermanos. El bello Crucificado que tallara el insigne Luis Álvarez Duarte allá por 1987 a petición del mencionado Antonio Gómez Aguilar, marchó sobre un trono de estilo barroco en su primera fase. El mismo se ejecuta en los talleres de Ortiz y Jurado. Era un instante para el recuerdo, que acompañó con sus sones la Banda de Música María Santísima de la Esperanza.

Tras su salida, que fue seguida de muy cerca por centenares de personas, la comitiva y por tanto el Santísimo Cristo de la Providencia quiso rendir visita a la residencia de mayores que la Obra Pía gestiona en la calle Lope de Hoces. La idea de la Fraternidad era pasar junto al busto de Antonio Gómez Aguilar en el Paseo de la Victoria, pero una negativa a su primer recorrido por parte del Ayuntamiento lo impidió. Así que regresó en sus pasos para buscar Tesoro y Valladares. El cortejo acudió, como siempre hace, a la Mezquita Catedral. El de este colectivo es un relato nuevo, dentro del reconocible del Viernes de Dolores de Córdoba.

De la gran novedad, muy esperada por los cofrades de la ciudad, como las primeras procesiones de Nuestro Padre Jesús de la Bondad y de Nuestro Padre Jesús de la Salud o el primer Vía Crucis de Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder, se pudo acudir a las citas clásicas. No es que la salida del Santísimo Cristo de la Providencia no se hubiera dado antes, simplemente esta vez lo hizo sobre un gran paso. El rezo de las Estaciones se extendió por toda la ciudad, con actos más o menos amplios en lo que al recorrido se refiere pero todos significativos. Nuestro Padre Jesús de la Sangre en torno a Capuchinos, Nuestro Padre Jesús de la Redención en Huerta de la Reina, el Santísimo Cristo de las Lágrimas por Parque Figueroa o Nuestro Padre Jesús Caído en la Cuesta de San Cayetano fueron algunas de las imágenes que presidieron los Vía Crucis de las hermandades de que son titulares.

Pero el punto central, más allá de La Trinidad y el entorno de la Mezquita Catedral con el Santísimo Cristo de la Providencia, fue esta noche de Viernes de Dolores el barrio de San Lorenzo. El mismo lo recorrieron Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado, el Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas o Nuestro Padre Jesús, Divino Salvador, en su Prendimiento. También lo transitó Nuestro Padre Jesús Nazareno, mientras que en Las Palmeras era el Santísimo Cristo de la Piedad el que marchaba portado por sus hermanos. Se unieron de esta forma, el relato nuevo y el relato reconocible.

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