El “calvario” de los comerciantes de La Viñuela ante una peatonalización parada, que se anunció hace seis años
Este lunes, 27 de abril, la imagen en La Viñuela dista mucho de la de una obra en marcha. Donde debería imponerse el ruido constante de radiales, martillos y hormigoneras, lo único que se escucha es el canto de los pájaros y de las charlas vecinales, una estampa que, pese a su aparente calma, resulta profundamente inquietante para los residentes y comerciantes, que preferirían el estruendo de los trabajos en marcha si eso significara que la esperada peatonalización de la zona avanza.
La realidad, sin embargo, es otra: la obra permanece completamente paralizada desde el pasado Viernes de Dolores, hace ya un mes, sin que desde entonces se haya retomado la actividad ni se aprecie movimiento alguno sobre el terreno. Y el plazo de finalización vence justamente dentro de un mes, el 26 de mayo, sin que parezca realista que los trabajos puedan acabar para entonces.
La ausencia de operarios no ha pasado desapercibida. Durante la visita realizada este lunes por el concejal del PSOE Antonio Hurtado, un vecino se asomaba desde su balcón para trasladar en voz alta su malestar, mientras que, a pie de calle, otro se acercaba a los periodistas para denunciar el estado de suciedad que presenta la zona. “Está claro que la culpa de quien tira latas o tampones es de quien lo tira, pero Sadeco al menos podría venir a limpiar”, señalaba, evidenciando una sensación compartida de abandono en el mantenimiento del entorno.
Impacto directo
El parón de las obras de peatonalización de esta área comercial no solo ha generado una imagen de degradación urbana, sino que está teniendo consecuencias directas en la actividad económica de la zona. Los comerciantes aseguran que la situación se ha vuelto insostenible tras meses de trabajos intermitentes y, ahora, completamente detenidos.
Una pausa que llega, además, cuando está a punto de cumplirse seis años desde que el alcalde, José María Bellido, anunció la peatonalización de La Viñuela, un pequeño centro comercial abierto -junto con Jesús Rescatado y la avenida de Barcelona-, clave en la vida de la zona este de la capital. Las tres calles mencionadas, el proyecto de habilitar una pasarela peatonal solo afectaba a La Viñuela, la que está en medio. Como siempre, se recibió con suspicacia entre los comerciantes, que, sin más remedio que aceptarla, con el tiempo llegaron a hacerse a la idea de que los beneficios acabarían siendo positivos, como ha ocurrido en otras partes de la ciudad.
Hoy, la paciencia está totalmente agotada entre muchos de los empresarios de la zona. Paqui, con más de veinte años de trayectoria en La Viñuela, describe un escenario de desgaste prolongado: “Llevamos desde septiembre así y es insoportable”. En su caso, calcula una caída de ventas de al menos un 30%, una cifra que otros comerciantes, como la vecina Pily, elevan incluso hasta el 50%.
Esta comerciante lleva seis años en La Viñuela, pero antes estaba en la zona situada más al norte. Cambio de local y el traslado coincidió con el inicio de la obra por el sur. El resultado es que su puerta (y la de Paqui) dan a unas vallas de obra y una calle cortada desde septiembre. “Y esto cada vez va a peor”, señala la empresaria. Se acerca Manuel, propietario de una tienda de máquinas de coser: “Esto es una ruina. No sabemos cómo aguantamos”.
Un rumor sin contrastar que hacer crecer el nerviosismo
Las pérdidas se han ido acumulando campaña tras campaña, afectando primero al invierno y amenazando ahora la temporada de verano, mientras crece la preocupación por un posible impacto también en el próximo periodo navideño. “No tenemos tampoco noticia de que vaya a haber ningún tipo de compensación”, lamentan varios de los afectados.
A esta incertidumbre se suman los rumores, cada vez más extendidos entre los comerciantes, de que la obra podría tener que volver a salir a licitación, lo que implicaría retrasar su reanudación hasta, previsiblemente, después del verano. De momento es eso, un rumor -negado, de hecho, por el alcalde, que ha reconocido que todo el retraso se debe a que el Consistorio estaba incumpliendo sus pagos a la empresa adjudicataria-. Pero para Pili, otra de las empresarias de la zona, que lleva seis años allí, cualquier retraso que demore la finalización de la obra hasta al año que viene supondría un desastre sin paliativos, puesto que, si fuera cierto, ya pueden despedirse de la campaña navideña de 2026.
Lo dice, además, con el cabreo que aún sienten por haberse quedado fuera de la última Shopping Hill, una actividad comercial que organiza desde hace años la asociación de comerciantes de La Viñuela y que, precisamente debido a las obras, trasladó todo a la zona de Jesús Rescatado, dejando al margen a los negocios más afectados.
A unos metros de la zona vallada está precisamente Manuel Rubio Gómez, vicepresidente del Centro Comercial Abierto La Viñuela y propietario de La Verdad Confecciones. Habla como empresario afectado con Cordópolis, y reconoce que el proyecto siempre se asumió como un esfuerzo colectivo con vistas a mejorar el entorno. Le preocupa la paralización y, sobre todo, la falta de información desde el Ayuntamiento.
“Estamos viviéndolo con la necesidad de que termine, de que finalice”, explica. “Nos habíamos propuesto una finalización en seis meses, como se había comentado, que iba a ser un proyecto pionero para el resto de la ciudad. Todos nos habíamos apretado para poder pasar este tirón, porque sabemos que a posteriori va a beneficiar a La Viñuela y a todo el barrio”. Sin embargo, el parón ha alterado esas previsiones. “Cuando surgen estos inconvenientes, que podían entrar dentro de lo previsible, lógicamente afectan a cada una de las empresas que sobreviven aquí, no solo en esta calle, sino en todo el entorno”.
Rubio Gómez confirma además que la obra permanece detenida desde el Viernes de Dolores, más allá del paréntesis habitual de Semana Santa. “Pensábamos que tras la Semana Santa se reanudarían los trabajos, porque incluso los propios trabajadores habían dado indicaciones sobre la planificación, pero nuestra sorpresa fue que no han regresado”.
Según señala, la explicación trasladada a la asociación de comerciantes apunta a “problemas técnicos”, aunque la falta de actividad prolongada genera inquietud. “La obra se ha quedado parada en el tiempo, tal y como estaba hace un mes, y eso también genera riesgos, porque las protecciones se deterioran y pueden provocar caídas. Es una situación que hay que mejorar y necesitamos que se reactive cuanto antes”.
Robos de material y problemas de salubridad
El estado actual de la obra ha derivado también en problemas de seguridad y salubridad. A pesar del pavimentado reciente de las aceras, han comenzado a aparecer desniveles y obstáculos que dificultan el tránsito, especialmente para personas mayores, lo que ha provocado caídas y ha reducido aún más la afluencia de clientes.
A ello se suma la falta de mantenimiento de las infraestructuras provisionales instaladas durante la obra, así como la desaparición de materiales de construcción. “Los sacos de cemento estaban llenos y ahora apenas queda nada. Esa torre de ladrillos era mucho más alta, aquí viene la gente y se los lleva”, señalan algunos comerciantes, apuntando a una pila de adoquines que ya apenas tiene dos pisos.
Paqui se ríe porque hay quien la ha dicho que deberían estar ellos vigilando las obras. Manuel, a su lado, bromea con que la vigilancia la hacen las ratas que campan a sus anchas por el espacio, a veces a plena luz del día, y contribuyendo a una imagen de deterioro que agrava la situación.
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