La Esperanza estrena ‘El Císter’, de Rafael Wals, ante los diez años con la Reina de los Ángeles

Nuestra Señora Reina de los Ángeles, el pasado Martes Santo | ÁLEX GALLEGOS

El Císter. Tan sencillo, tan contundente, tan bello y tan significativo es el título de la nueva marcha de procesión dedicada a la hermandad de la Sangre que de aquella manera es también llamada por muchos cofrades cordobeses todavía hoy pese a que ya no es el antiguo convento de religiosas cistercienses de Carbonell y Morand su sede canónica. Una marcha que ha escrito el compositor Rafael Wals Dantas por encargo de una familia de la hermandad, que ha querido regalarla para que suene para Nuestra Señora Reina de los Ángeles cada Martes Santo.

Precisamente diez serán los años que la banda de música María Santísima de la Esperanza cumplirá en 2019 tras el paso de palio de la Dolorosa de la Sangre (comenzó a tocarle en 2010, aunque en 2009 ya fue con su titular de Gloria), motivo por el cual celebró en la iglesia del Santo Ángel (Capuchinos) en la mañana de este jueves un concierto para conmemorar ese hecho, si bien la relación de la Esperanza con la cofradía comenzó en 2004 actuando en su procesión del Corpus Christi.

El estreno de El Císter, que se ha hecho coincidir con el concierto conmemorativo, fue todo un éxito. La nueva obra de Rafael Wals tuvo una gran acogida entre el numeroso público que llenó Capuchinos. Se trata de una composición de corte solemne y elegante a la que Wals ha querido dotar de cierto aire nostálgico pues está hecha pensando en los primeros años de la cofradía en el monasterio del Císter y en las vivencias del autor en la última visita de la Reina de los Ángeles a su antigua sede en diciembre de 2016 por los cuarenta años de su hermandad.

La nueva marcha, de 6:45 minutos de duración, es la octava dedicada a la cofradía que fundaran Fernando Morillo-Velarde y Fray Ricardo de Córdoba y la séptima de su autor, que compone por segunda vez una obra solemne (la primera fue La Vía Sacra). En palabras de Rafael Wals a EL CIRINEO, “el Císter siempre ha sido una cofradía que me ha gustado y tengo lazos que me unen a muchas personas de ahí. Además, esta cofradía al fundarse fue todo un referente”, por lo que para él ha supuesto algo importante escribirle.

En la primera parte de la marcha, Wals ha querido imprimir “un aire monacal”, intentando “plasmar el ambiente que se puede vivir en un claustro, esa serenidad y dulzura que, sin embargo, a veces se rompe en la marcha por algunos momentos un tanto trágicos”. En lo que respecta al trío, se corresponde con un estilo propio del compositor porque, según dijo, “en todas mis marchas, aunque hayan sido de una forma u otra, los tríos siempre han estado orientados a lo nostálgico y romántico”. El final, por su parte, no es triunfal o glorioso, sino que “acaba en modo menor porque la realidad es que las monjas del Císter salieron hace poco del convento”, señaló Wals.

El joven compositor indicó que aunque está asociada a los recuerdos en el monasterio, igualmente “en esta marcha se viven tanto la luz de la tarde dándole a la Virgen en la plaza de las Dueñas como la escena de tensión del paso de misterio, hay muchos caracteres mezclados, es una concepción global de las sensaciones que aporta la cofradía en la calle”.

La nueva marcha formó parte de un programa de concierto en el que la banda de la Esperanza recorrió gran parte del rico y variado patrimonio musical de la hermandad de la Sangre, uno de los mejores de Córdoba, y que tuvo como presentador a un antiguo hermano mayor de la corporación, Alfonso Muñoz, que habló de la Esperanza como lugar de convivencia de personas con el interés común de la música y como formación que ha luchado por la recuperación histórica de piezas olvidadas y del repertorio cofrade cordobés.

Para anunciar el concierto, el pintor Mario Ramos hizo una acuarela en la que destaca la Reina de los Ángeles a color en el centro de una composición en cuya parte inferior aparece el nombre de la marcha de estreno junto al escudo de la banda de la Esperanza. También en esa zona se pueden ver al resto de titulares de la Sangre en tonos morados, color de la cofradía que Ramos utiliza igualmente para las demás partes de la pintura en la que se leen los títulos de las marchas a ella dedicadas, notas de algunas de éstas y rosas y mariposas.

El Císter, que dirigió su autor, sonó en segundo lugar después de la marcha La Reina de los Ángeles, de Mariano San Miguel y dedicada a esa letanía del Santo Rosario, que dio inicio al recital que presidió en su altar de cultos la Reina de los Ángeles. Tras el estreno le llegó el turno a La Sangre y la Gloria, de Alfonso Lozano (2009), que dirigió por primera vez su marcha, cuya letra de Alfonso Muñoz fue cantada por el coro Cantabile, siendo también la primera vez que se escuchaba dicha oración ante los titulares de la hermandad, a los que está dedicada.

El presentador fue introduciendo las marchas dando su visión personal de cada autor, con cuatro de los cuales ha tenido amistad, por lo que también se basó en sus recuerdos de ellos. Así hizo al hablar de José de la Vega antes de que se interpretara Ángeles, Reina (2007). Después, siguiendo el orden descendente de fechas de las composiciones dedicadas a la hermandad anfitriona, la Esperanza tocó Virgen de los Ángeles, de Jesús Cea (1993); seguida de Nuestro Padre Jesús de la Sangre, de Casto Contreras (1979) y de Ángeles del Císter, de Pedro Gámez Laserna (1978), marcha que fue dirigida por el director artístico de la banda sevillana Maestro Tejera, Manuel Hidalgo.

Al final del concierto, el presentador quiso tener un detalle con la banda, a la que regaló el manuscrito original de la marcha La Esperanza, dedicada a la titular de la formación musical por José de la Vega. Además, la formación ofreció a la Reina de los Ángeles un broche realizado por el orfebre Emilio León por los diez años que en 2019 cumplirán tocando tras Ella.

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