Diario del Confinamiento | Rush

Nikki Lauda y James Hunt.

La oferta y la demanda: hay gente confinada que pide a domicilio caracoles porque hay una empresa que se los sirve. No sabemos que fue el principio, el huevo o la gallina, pedir u ofrecer. El capitalismo, el libre mercado o la mano invisible, que será lo mismo.

El confinamiento doméstico, local, nos hace reflexionar sobre lo global. Inventamos la palabra “glocalización” en un tiempo anterior pelín mejor y nos quedamos tan panchos.

A mí no me gusta comer caracoles pero admiro a esos gasterópodos, pueden enseñarnos cosas. De hecho, yo tuve dos en una casa, y los quería mucho. Los observaba ir del ficus a la pared, atacar una curva y bajar hacia el plinto del patio. Todo despacio y sereno.

Nunca pensé en comérmelos hervidos en caldo. De hecho retiré mi maceta de hierbabuena para que ellos no sintieran cerca la presencia de la muerte.

Sé que existen carreras de caracoles en algunos sitios como la campiña inglesa donde habita gente sencilla que se dedica a apostar a cualquier cosa y a beber. Los admiro en su sencillez de costumbres.

Viendo la peli Rush sobre la rivalidad entre Nikki Lauda y James Hunt en la Fórmula 1 me acordé de mis caracoles. La velocidad nos puede volver locos; pero hay una especie de respeto inquebrantable en la competición de élite. No es exactamente amistad, es otra cosa. Que se lo digan a mis caracoles que nunca se miraron a la cara pero se respetaban en la pared encalada del patio. Y también sabían de velocidad.

Como tengo buena relación le he escrito un mail a Ron Howard: “Échale narices, Ronnie ¿Por qué no diriges una peli de caracoles amigos cuya relación zozobra por el fútil afán de llegar primero? Podría ser Rush II y se agarraría al corazón de los espectadores de este tiempo. Hazlo. Y nos veremos en la alfombra roja”.

Espero su respuesta.

Etiquetas
stats