Diario del Confinamiento | Mascarillas: orden o caos

Mascarilla del Barcelona FC.

El orden, así en masculino, se opone al caos; son cosas de la filosofía clásica. Mientras, una orden, en femenino, es un imperativo, un mandato, algo que hay que obedecer (se ve que aquí también hay una cuestión de género).

Si llevar mascarilla fuera “una” orden habría que cumplirla; si fuera que “el” orden aceptado es que todo quisqui llevase mascarilla seguramente evitaríamos el caos.

Ahora bien, si aceptamos que en el caos no hay error, aceptaríamos también que el que unos llevaran mascarilla y otros no, no sería una equivocación; pero, claro, esto tiene ya un tufo a sofisma barato que echa para atrás.

Total: un follón. Y más si apela al sentido común en una sociedad plural.

A estas horas del asunto pandémico, reconozco que ya no recuerdo si la orden de llevar mascarilla empezó siendo un consejo para pasar a ser una recomendación y convertirse, al fin, en una orden. He debido perderme en el viaje y eso que apenas me muevo de casa. No sé de quién es la culpa de mi extravío.

Desde hoy es obligatorio llevarla, es una exigencia por lo tanto, aunque con excepciones que quedan excluidas de esa regla común, de esa generalidad que ya no lo es tanto.

Todo esto está escrito en español y puede leerse en voz alta. No querría estar yo en la piel de quien tiene que contarlo en una comparecencia pública ante una audiencia que está muy susceptible, por no decir mosqueada.

Siempre hemos hecho el chiste de que un trabajo chulo sería el de fotógrafo del BOE; pero es que ser redactor del mismo no está pagado. Mamma mía.

Lo que parece más claro es que el uso de las mascarillas será, ya lo es (y afortunadamente el menos lesivo), símbolo de la “nueva normalidad”. Que sean buenas, bonitas y baratas, por lo menos.

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