Cuando cuatro escalones dificultan salir de casa: unos padres buscan ayuda para su hija

La madre de Araceli, a las puertas del portal | MADERO CUBERO

A Araceli le falta muy poco para cumplir 40 años. Con apenas seis meses fue vacunada contra la polio. Desde aquel momento vio mermadas sus capacidades físicas y psíquicas, lo que le impide hablar, andar o escuchar. Eso sí, responde a las sonrisas ajenas con otra. Abriendo y cerrando sus ojos. Vive con sus padres en Lucena en un bajo. La separa de la calle apenas cuatro escalones, toda una odisea por la que sus progenitores atraviesan día a día. Ahora, sus padres luchan para poder costear un montacargas que permita a su hija salir a la calle con toda la seguridad posible.

Llevan gastados más de 12.000 euros y el resultado ha sido un gran agujero al final de su salón, donde iría un montacargas que bajaría a su hija hasta el sótano y, de ahí, a la calle. Araceli Baltanás, su madre, asegura que no reciben ayuda de ninguna institución pública. Ni de la propia comunidad de vecinos.

Desde hace 28 años, la familia vive en un piso en la calle Rambla del municipio lucentino, una vía que se encuentra en una pendiente. Previamente lo hacían en otra vivienda de la misma localidad. “Pero había escaleras y mi hija iba empeorando”, asegura Baltanás. Finalmente, la Junta de Andalucía le facilitó el piso en el que ahora viven y que tuvo ella misma que limpiar, junto con su marido, dado que las arquetas estaban totalmente obstruidas. Esa situación generó graves olores “que se extendían hasta la ropa”, cuenta la madre, quien asegura que la Junta le dijo que “limpiara lo que quisiera pero que eso no lo pagaría” el gobierno autonómico.

Tras llegar a este piso, los padres de Araceli vieron cómo su hija fue empeorando poco a poco. Bajarla hasta la calle empezó a suponer tal esfuerzo que requirieron de la asignación de una asistenta, que le fue concedida gracias a la Ley de Dependencia. La mujer ayudaba a los padres de Araceli a que su hija pudiera salir a la calle y entrar al vehículo que la traslada hasta la asociación Amara, una organización del municipio que asiste a personas con discapacidad. “Hasta el pomo para poder bajar los escalones lo pusimos nosotros porque la comunidad no quería”, asegura Baltanás.

Sin embargo, la situación empeoró aún más desde hace dos años. Tal y como cuenta la madre, a su hija le pusieron “unas inyecciones en las piernas, junto con unos aparatos”, para fortalecer la musculatura. Pero todo fue a peor y la movilidad de Araceli quedó reducida aún más. Esto llevó a los padres a derribar un tabique de su salón que permitiera la comunicación con el sótano, propiedad de la familia. Esta obra, que le costó más de 12.000 euros, tenía como fin colocar un montacargas en el que colocar a su hija para que pudiera acceder al sótano y, posteriormente, a la calle, a través de su andador. Pero nada de esto ha ocurrido por la falta de recursos económicos.

Ahora, la familia de Araceli cuenta tan sólo con esta obra. El montacargas asciende a 9.000 euros, de los que tan sólo tienen 2.050, una cantidad que fue entregada por la Asociación Mujeres en Igualdad por la gestión de la barra del Carnaval de Lucena del municipio. En el sótano, una lona tapa el agujero para que el frío no entre hasta el salón. Araceli acaba de llegar de Amara y se entretiene recortando, ajena a cómo su alrededor busca una salida para que su discapacidad no la aboque a un encierro en su vivienda.

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