De Córdoba a Camerún: cómo levantar un centro de acogida para niños huérfanos o abandonados

Herminio Membrives, con los menores varones en el hogar.

Yide Bikoue significa El amor de los niños. Éste es el nombre que recibe la comunidad que el cordobés Herminio Membrives ha puesto en marcha en Ngaoundere, una ciudad de Camerún. En esta zona, cerca de 200 niños menores de 13 años viven en la calle. Son víctimas de la desprotección infantil, el terrorismo, la pobreza, las supersticiones y hasta de algunas tradiciones de la zona, como no aceptar a los hijos que vengan de otro hombre o de otra mujer.

Esta situación tan adversa lleva a los menores a encontrarse en una situación deplorable, durmiendo en la calle, ingiriendo sobras de comida, robando, esnifando pegamento, sufriendo agresiones por la noche o padeciendo mala higiene o nula atención médica. El hecho de que este proyecto esté dirigido exclusivamente a varones da cuenta de la situación de explotación y desprotección infantil en el que se encuentran los menores en Camerún. Las niñas son usadas para la prostitución o son sus padres los que consiguen dinero a través de la dote, un elemento clave en el matrimonio tradicional en África.

Así, el centro de acogida Yide Bikoue es el único de la zona que permite a estos menores varones salir de estas circunstancias para empezar a sobrevivir. Membrives explica que fue en 2011 cuando empezó a entrar en contacto con proyectos sociales. Sus continuos viajes le han permitido conocer diferentes lugares del mundo, hasta que su llegada a Camerún marcó un antes y un después. Junto a su mujer camerunesa, en 2014 decidieron asentar su residencia en esta región de África y abrir su propia empresa de energía solar. Después puso en marcha, junto con otros fundadores, la asociación Hamor, paraguas que engloba este centro de acogida.

Durante los seis primeros meses del proyecto, el hogar -una casa de alquiler- se encontraba en Gangassaou. Sin embargo, pronto empezaron a aparecer las dificultades, como la inexistencia de agua corriente o luz, los largos viajes de dos horas para llegar hasta el centro o la mala calidad de la escuela. Por este motivo, Membrives decidió mudar al equipo y a los niños a una casa de alquiler en la ciudad de Ngaoundere. Ahora sí disponen de luz y agua corriente, no hay dependencia alguna del coche y las escuelas de la zona sí tienen mayor calidad. Aún así, Membrives explica que no están solventadas todas las dificultades ya que, debido a la situación geográfica, son frecuentes las epidemias de malarias y, en ocasiones, el agua corriente no es muy potable.

A pesar de las adversidades, este hogar ofrece a los menores todas las facilidades para que dejen atrás todo lo que han vivido, a pesar de su corta edad. Reciben alojamiento, alimentación, sanidad, educación en valores y formación profesional; todo ello sufragado gracias al equipo de la asociación o a aportaciones voluntarias. En Andalucía son dos las entidades que le prestan apoyo: Setem Córdoba y ADAPA, en Vélez Málaga.

La situación de estos menores es tan “dramática” que son ellos mismos los que, tras tener constancia de este hogar, acuden a él buscando una salvación. Actualmente hay 25 niños de entre ocho y 16 años, una cifra muy pequeña pero la que permite los recursos de los que dispone Membrives para el proyecto. Cuenta, además, “que cada día se rechazan niños porque es imposible ayudar a todos. Siempre vamos por encima de nuestras posibilidades pero es muy motivacional ver cómo los niños van cambiando. De media gastamos 2.500 euros al mes en mantener el hogar pero el cambio en las condiciones de vida de los menores es brutal, por lo hablar de sus expectativas de futuro”.

Pero, cuando los menores sobrepasan los 16 años, ¿qué? “No podemos decirle que se vayan. Lo que hacemos es seguir ayudándoles y prepararles lo mejor posible a pesar del retraso educativo que llevan, por ejemplo”, agumenta Membrives, que explica que es realmente complicado que algún padre o alguna madre recapacite y venga a visitar a su hijo. “Esto no pasa, por desgracia. Aún así, cuando los menores se sienten fuertes empiezan a decirte que quieren ver a algún familiar. Esa visita claro que se la facilitamos”, concluye.

Entre los objetivos futuros de la asociación están el de crear un comedor social para los niños que no pueden llevar comida a la casa, lo que les permitirá dejar de robar, y construir una propia vivienda poder invetir en ella, mejorarla y ofrecer el mejor hogar a estos menores, víctimas por su lugar de nacimiento.

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