¿Que el calor nos da una tregua? Locuras ¡Esto es Córdoba!

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Si piensa que el termómetro ha descendido para no volver a subir tanto, olvídelo, el lunes regresaremos a nuestra particular crisis de los 40

El estoicismo cordobés es un hecho. Tras un mes soportando sin protestar más o menos 40 grados todos los puñeteros días, la Península Ibérica ha decidido bajar algo las temperaturas en los últimos días. ¿Pero en toda Hispania? No. Una pequeña villa resiste ahora y siempre al frescor; una ciudad silenciosa donde su mercurio no marca máximas inferiores a los 37. Y donde nadie dice nada al respecto. Se aguanta y ya está. Oriundos callados. Serios. Jodidos. Pero que aguantan. Qué remedio, por otro lado...

Sí, es cierto, visto desde fuera puede parecer una locura. Tanto calor, tanto tiempo, tanto senequismo de ventilador. Pero amigos... ¡Esto es Córdoba!

Por eso, al cordobés medio, que le digan que, excepto en su bendita tierra, en el conjunto del invernadero del país se ha vivido una relativa tregua, ya no le afecta. O al menos, no le afecta tanto como a un ser humano normal. Porque el ser humano cordobés ha aprendido durante siglos a convivir con ese aire sólido y pesado como una losa que se reconcentra en el granito de las calles, recuece su sesera y le golpea a dos manos en la cara cuando se le ocurre salir. Y como respuesta, el cordobés tuerce el gesto, reconoce que hace calor y calla.

Y por eso también, curtido como está en la fragua del Guadalquivir, el genotipo cordobés estándar sonríe maliciosamente cuando escucha al hombre del tiempo advertir que el recreo ha terminado y que el lunes las temperaturas volverán a subir con la alegría que caracteriza a este interminable estío. Y si la Agencia Estatal de Meteorología indica que los 40 grados pueden volver a ser una realidad en Córdoba a partir de la semana que viene, el aborigen del Realejo, de Ciudad Jardín, de Moreras, Palmeras, Corredera o Avenida Barcelona, respira hondo, resopla un poco, cambia de canal y suda.

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