Un bloque de Ciudad Jardín, ocupado por 12 familias

Familias en uno de los pisos  ocupados en Ciudad Jardín | MADERO CUBERO
La Policía Local ha intentado desalojarlos y los ocupantes denuncian que recibieron amenazas y agresiones

Una promoción de 12 viviendas a medio terminar, ubicado en la calle Antonio Maura, lleva ocupado por otras tantas familias desde el lunes. La veintena de personas sin recursos denuncian que la Policía Local ha ido dos veces a desalojarlos. El primero fue el lunes, donde se consiguió que las familias saliesen y se precintó el edificio, aunque volvieron a entrar a las pocas horas. El segundo desalojo se produjo el miércoles y, según los ocupantes, se produjo “de manera violenta y con amenazas”. En los atestados de la Policía Local no aparecen dichas incidencias y solo se hace mención a las cerraduras reventadas y al bloqueo de las puertas de los pisos.

Los agentes acudieron al lugar por las denuncias de los vecinos que se quejaban de los ruidos y los golpes que se oían de noche. “La primera noche sí que hicimos algo de ruido porque clavamos alcayatas en cada uno de los marcos de las puertas de los pisos para poner los candados y cerrarlas”, señala una de las mujeres que ha ocupado las viviendas. “Cuando entramos, ninguna de las puertas estaba cerrada con llave y se podían abrir desde fuera, por eso pusimos los candados”, explica.

Pero no sirvieron de mucho. “Con dos patadas las puertas se revientan y los policías hicieron eso, dar patadas”, prosigue Francisco Cortés, uno de los ocupantes, señalando las huellas de una supuesto porrazo en uno de los marcos. “Es de un policía”, apunta. Los ocupantes de las casas aseguran que los agentes entraron con una inusitada violencia, entre gritos, insultos y amenazas. También relatan que el miércoles, presa del miedo, las 12 familias se concentraron en uno de los pisos donde, a pulso, lograron bloquear la puerta a los policías que ya habían arrancado los candados.

Las familias afirman que esa noche llegaron a llamar a la Policía Nacional por la violencia de los agentes municipales y que solo así cejaron en su intento de desalojo. En los atestados no aparece, en cambio, ningún atisbo de violencia ni de resistencia por parte de los inquilinos. La Policía Nacional tampoco ha confirmado que este episodio se produjese. Ajena a este hecho, una de las vecinas da gracias a que aparecieran los policías nacionales, “Se portaron como unos caballeros”.

Las familias viven ahora mismo con lo mínimo. Las viviendas no están terminadas del todo. No hay cocinas y aunque los cuartos de baño están acabados, tampoco hay agua corriente ni luz. La promoción de viviendas es de la empresa Alcotán, aunque algunas fuentes señalan que los pisos están en manos de Cajasur, acreedora de las deudas de la constructora.

Las familias, entre las que hay cuatro mujeres embarazadas y varios menores, hacen turnos para salir a casas de familiares y asearse y comer en ellas. Pero siempre hay gente en los pisos ocupados. “Por las noches estamos muertos de miedo por si llega la policía”, termina una de las mujeres. Pero ninguno de ellos piensa irse. “No tenemos donde ir. Una de las vecinas vivía en un trastero de las Margaritas. A mí me han desahuciado de Huerta de la Reina. Asuntos Sociales no nos hace caso. Estábamos en la calle y la ciudad está llena de bloques vacíos como este. Mi familia no va a dormir en la calle si hay casas vacías”, termina Francisco Cortés antes de despedirse y acudir a una reunión con Stop Desahucios.

Se hace de noche. Las familias empiezan a encender velas. Y se preguntan si volverá a aparecer la policía.

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