Sobre la dignidad

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Veo como cada día surgen nuevas plataformas digitales de oferta y demanda de empleo.

Que si desde el móvil, que si miles de ofertas, que si esto y que si lo otro. Genial, puedo llegar a pensar. De hecho a veces lo pienso.

Es cierto, existen bastantes ofertas de empleo (incluyendo en el concepto oferta de empleo a las relaciones mercantiles, por supuesto) pero quizá deberían plantearse estas plataformas determinadas exigencias en el trato a los solicitantes a las compañías y particulares que ofrecen esas oportunidades.

Me explico: un porcentaje bajísimo de las mencionadas se molesta siquiera en contestar a la solicitud de inscripción en una oferta de empleo.

Ya no digo agradecer el interés o informar acerca de que podrían tener en cuenta sus aptitudes para próximas convocatorias.

Muchas incluso preseleccionan y se olvidan de los solicitantes sin siquiera un breve correo o mensaje aclaratorio de la situación.

Es curioso como cuanto mayores son los medios para comunicarse entre las distintas personas, menores son las palabras.

Señoras y señores que tienen interés en que las personas trabajen con ustedes, señoras y señores de los departamentos de recursos humanos, señoras y señores gerentes:

Si el trato que dan a quienes están interesados en dar su tiempo, conocimiento, capacidades y esfuerzo, es el que están dando, ¿qué trato dispensarán a sus empleados, colaboradores y en último término, clientes?

Recuerden que un simple “gracias por su interés”, un breve “le tenemos en cuenta”, un conciso “su perfil no es adecuado” o un escueto “tendremos más ocasiones para usted”, no cuestan trabajo y las personas lo agradecen. Ojo a ese detalle: las personas.

Hagan el favor.

Se lo agradezco por adelantado, que soy de los que no pierden la esperanza.

“El trabajo dignifica al hombre”, decían.

Ojalá.

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