Cracovia

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Cracovia es una bellísima ciudad de Polonia donde la semana pasada arrancó mi nueva etapa profesional con el inicio del primer proyecto internacional desarrollado por mi empresa, Indepcie. Siempre había querido venir, y ahora, con 44 años y tras no pocos tumbos, me ha llegado el momento de visitarla en una ocasión tan especial. Permíteme que haga este arranque algo personal, pero no quiero hablarte de mí. Quiero hablarte de ti. No soy ejemplo de nada ni para nadie, y mi vida ha sido una sucesión de errores y aciertos como cualquier otra, pero creo que hoy tengo la madurez suficiente para compartir contigo un puñado de experiencias. A lo mejor puedes sentirte reflejado y quizás pueda servirte de algo lo que he aprendido hasta llegar a Cracovia.

Pertenezco sociológicamente a lo que se denomina Generación X, los que estamos entre los 35 y los 50. Somos una generación engañada, a la que nuestros padres quisieron darle una educación pensando que eso les daría las oportunidades que a ellos les faltaron. Mentira. Nos ha tocado vivir dos crisis globales (la de los 90 y la de 2009) y entre medias el pelotazo del ladrillo hizo que el dinero lo ganaran los pillabichos y los liantes, mientras los licenciados ponían hamburguesas en McDonalds. Somos la generación que sufrió la precariedad laboral, la que al salir de casa ya vivía peor que con sus padres, nos hemos tenido que chupar la revolución digital y una transformación social que ha hecho que todo lo que dábamos por seguro desapareciera bajo nuestros pies. Sí, yo soy de esos.

Estudié la carrera que pude, no la que quise. Me sirvió para tener cultura, aunque en su momento pensé que para poco más. Pese a todo, y siguiendo los atajos de la vida, alcancé mi sueño de infancia trabajando durante 14 años como periodista deportivo, empezando con un contrato de 90.000 pesetas al mes y currando como un burro, pero disfrutando como un marrano. Nunca pasé de mileurista al tiempo que el amor por la profesión se iba desvaneciendo hasta llegar al asco. Con dos niñas recién nacidas lo dejé todo y me lancé al vacío huyendo de un sitio en el que no iba a llegar a nada más que a ser un viejo amargado. Con pocas o nulas certezas emprendí un camino como formador en el que aprendí mucho, de lo bueno y de lo malo, y sobre todo fui poniendo piezas en su sitio para dar el paso y dejar de ser asalariado para convertirme en emprendedor viejuno, quizás con más años de los que debiera, pero con la experiencia y el aprendizaje que me había faltado hasta ahora. Ahí van algunas píldoras.

  • Invierte en ti día a día, mejora y diversifícate, porque eso te hará mejor profesional y probablemente mejor persona. Fórmate, estudia, lee y aprende de todos y de todo, incluso de los malos y de los que crees que no tienen nada que aportarte, porque en algún momento todo eso puede servirte.
  • Capitaliza tu talento y tu recorrido vital, tus experiencias y aprendizajes. Nada es porque sí, y todo tiene un sentido si en un momento pones el foco en buscárselo. Idiomas, viajes, relaciones, capacidades, competencias… Todo suma en un momento dado, pero tienes que plantearte cómo puedes monetizar y rentabilizar todo eso que sabes hacer y has acumulado durante tu vida. En definitiva, cómo alineas tu talento y tu pasión con una forma suficientemente sólida y agradable de ganarte la vida.
  • Asume que en esta época en la que nos ha tocado vivir cambiarás varias veces de trabajo y es probable que incluso cambies en alguna ocasión de profesión, así que te toca ser lo suficientemente flexible para saber que lo que has aprendido y te ha servido para llegar donde estás hoy no te servirá para mucho dentro de poco tiempo. Por si acaso, actualízate permanentemente y estate preparado para cambiar en cualquier momento. El cambio no es bueno ni malo. Es necesario.
  • Cuida al máximo tus relaciones. Serán las puertas que te abran o cierren oportunidades. Elige y selecciona al máximo las personas que tienes alrededor, tanto en el ámbito personal como en el profesional, y no tienen por qué ser las mismas. Habrá gente fantástica para tomar una copa, pero nefasta para plantear temas laborales. Busca aliados, gente que sume y que te haga mejor, que te exija crecer y que te desafíen a sacar tu mejor versión. En la otra cara de la moneda, huye de las relaciones tóxicas, de las lacras y los lastres. Todos tenemos personajes de este tipo alrededor, y lo peor es que aunque lo sabemos los mantenemos ahí, pululando en nuestra vida. Toma una de las mejores, más adultas y honestas decisiones de tu vida y elimínalos de tu existencia.
  • Cree en ti, en tu talento, en tus capacidades y en tu potencial. Cree más incluso en la persona en la que puedes convertirte que en la que eres hoy. Detecta, cuestiona y elimina tus creencias limitantes, esas que te están jodiendo la vida y que has terminado por creerte hasta convertirlas en parte de tu identidad.
  • Vete de empresas en las que no puedas crecer ni desarrollarte tanto personal como profesionalmente. Sabrás cuándo has tocado techo y cuándo ha llegado el momento de irte, aunque la decisión no sea inmediata. Que no te corten las alas, porque ahí es precisamente donde radica tu fortaleza, no en la falsa seguridad de una rama incierta. Si te da miedo irte, tendría que darte pánico quedarte.
  • No dejes muertos por el camino. Si te tienes que ir de los sitios, que sea de la mejor manera posible. Respeta tus valores, pero también cuida las formas. Que lo único que dejes atrás sean las buenas referencias de tu trabajo y, sobre todo, el respeto y el cariño a tu persona.
  • Aunque a veces te cueste, sé agradecido por todo lo que aprendiste por el camino y por las personas que en un momento colaboraron en tu crecimiento, e incluso con las que te hicieron daño. Puede que inicialmente exista algo de rencor y resentimiento, pero todo tuvo su sentido en un momento concreto y ha servido para convertirte en la persona que eres hoy. Sin esos pasos necesarios en el proceso nunca habrías llegado hasta aquí.
  • Arriésgate. No seas inconsciente, pero seguro que eres capaz de mucho más de lo que crees y, sobre todo, infinitamente más de lo que mucho mediocre quiere hacerte creer. Arrepiéntete de lo que salió mal, no de lo que no hiciste. De hecho, si te sale mal aprenderás. Si no lo haces, todo seguirá igual.
  • Nunca es tarde. Hoy sabes mucho más que hace 10 años y tienes un bagaje personal y profesional mucho mayor. Por eso quizás hoy te surjan opciones y oportunidades que no aparecieron antes. Eres una persona distinta, y probablemente mejor, así que aprovecha la ocasión y cruza hoy los puentes que nunca se te abrieron. Ahora es el momento.
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4 de diciembre de 2019 - 20:12 h