Tejer es un placer

Punto, croché, lanas, perlé, trapillo, merino; agujas de madera, husos finos, agujas muy gruesas; diseños vintage, jerseys, bolsos, tapetes, colchas, sacos y tocas para bebés; bufandas para el invierno, bikinis veraniegos..., cualquier prenda puede tejerse para deleite de su artífice. Tejer es un placer que está moda. Sin embargo, tras la cadeneta y el ovillo ha surgido algo algo más: un activismo colorista y amable pero también poderoso.

De hecho, la revolución de los urban knitters reivindica en la calle la labor de punto y de ganchillo. Sin embargo, la cuestión no es hacer calceta como máquinas tricotosas, sino tejer juntos, compartiendo una apuesta por el consumo ético y una manera slow de invertir y saborear el tiempo.

Quienes tejen saben que su obra no caducará pasado mañana sino que están elaborando ropa sostenible que dura media vida, justo lo contrario a la fiebre consumista que nos lleva a acumular cosas que en realidad no necesitamos y a desecharlas con mayor celeridad todavía.

¿Dónde acudir en busca en camaradas tejedores/as? La respuesta está en Internet, pero también, y sobre todo, en la calle, en los comercios y en las asociaciones ciudadanas. En Córdoba, por ejemplo, una dirección esencial es LaLana, en la calle María Cristina.

Allí fue precisamente donde un sábado al mediodía topé con una de sus quedadas para tejer. Le doy nuevamente la enhorabuena a Amanda, alma mater de La Lana, por reunir a expertas tejedoras en torno a unos cafés con galletas, charlando con sus manos expertas en la labor, mientras crecía la admiración en esta servidora que no va más allá del punto bobo y la socorrida bufanda de quien teje para relajarse.

Lo mejor de todo es que la comunidad de tejedoras/es urbanos es hospitalaria y tiene toda la paciencia del mundo con los principiantes. Por eso es tan fácil acercarse a las asociaciones y a las tiendas con taller y empezar a tricotar pasito a paso. Recursos y compañía no le faltarán a quienes quieran tejerse o regalar algo bonito. Manuales, tutoriales, kits, clases, revistas, todo lo necesario está a nuestro alcance en tiendas como LaLana, We Are Knitters y Una Oveja en Manhattan.

Además, asociaciones como La Culpable y Urban Knitting de Córdoba  conforman una red de activistas tejedores que han realizado intervenciones como la realizada para el Día Mundial de la Paz en el Centro Social Rey Heredia de la Acampada Dignidad.

Tampoco es cosa vana que el arte del ovillo y las agujas sirve para desconectar de las nuevas tecnologías, ayuda a dejar de fumar y es un ejercicio relajante que mantiene activa la mente mientras charlamos con los amigos y escuchamos nuestra música preferida.

Tejer es un placer y beneficia a la salud. Todo son ventajas, oiga.

Nota: Las menciones a marcas y productos no llevan aparejada ninguna contraprestación.

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11 de octubre de 2014 - 02:44 h