He dejado de fumar ¡¡¡ y muy fácilmente!!!!

Ha sucedido este verano, en plenas vacaciones estivales, después de llevar fumando durante los últimos tres años y medio…, aunque a ello debo añadir que ya, anteriormente, lo había dejado durante dieciséis años consecutivos, siendo en estos últimos tres años cuando más fuertemente se arraigó el deseo de fumiqueo. Y tabaco rubio nada menos…

¿Que cómo ha sucedido? Pues por una apuesta de lo más tonta, por un reto lanzado por mi yerno, Rafa. Os lo cuento: En un momento dado de la comida en el chiringuito La Sevillana, pegadito a la parte sur de la Playa de Morro de Goss, en Oropesa del Mar, donde suelo pasar alguna temporada que otra en mi apartamento, delante de los familiares que nos acompañaban, ya terminado la comida, y a tenor de encender yo un cigarrillo, me dijo retándome:

-"Jope, Tony, veo que sigues fumando; y habías prometido dejar el tabaco hace meses… Veo que eres incapaz de dejar de fumar…"- Jope, Tony, veo que sigues fumando; y habías prometido dejar el tabaco hace meses… Veo que eres incapaz de dejar de fumar…"- Y me reprochó –cariñosamente- el hecho de haber vuelto a fumar desde tres años antes.

A lo que le contesté:

-"Yo soy capaz de dejarlo cuando quiera…, vamos, con toda seguridad…"-

Me atajo, diciéndome:

-"Estoy tan seguro que tu ya no dejas de fumar, Tony, que pago una mariscada para los ocho –refiriéndose a los familiares que nos encontrábamos en la mesa-, de lo que quieras, si dejas de fumar a partir de mañana…Y si eres incapaz, la pagas tú, también del marisco que nos guste "-

Y yo, que soy un``hechao p’adelante´´ en esto de las apuestas, y dado que ya debería haber dejado el ´´fumiqueo’’ el 8 de Enero de este 2.015fumiqueo –día que nació mi último nieto, y así lo había prometido-, aproveché su desafío para dejar de hacerlo a partir del 26 de Julio, el día de los abuelos en España.

Ciertamente, no tenía escapatoria alguna de que me vieran fumando, precisamente por estar juntos estos familiares –mis consuegros, mis dos hijas con sus niños y sus respectivos maridos –entre ellos Rafa- y mi mujer y yo, casi todas las horas del día…

-"Hecho". A partir de mañana lo dejo. Te acepto la apuesta"-, le contesté ufano y seguro de mí mismo.

Y a partir del día siguiente, día 26 de Julio – de este año que transcurre con tanto calor- he dejado de fumar. Y hasta hoy, última semana de agosto. Sin pastillas y sin terapia alguna; simplemente por haberle fallado a mi hija Raquel cuando nació su niño –y mi nieto-, Javichu, cuando por este hecho a ella le prometí dejar de fumar, por lo que representaba un reto infringido que debería cumplir, lejos de centrarlo en la mariscada.

Con ello me he liberado de ingerir más de 4.000 químicos que contiene, entre ellos destaco:

  • Ácido Esteárico o cera de vela – Hexamine o encendedor de barbacoas – Tolueno o Solvente industrial – Amoniaco o tipo de él utilizado para limpiar inodoros – Ácido acético o vinagre – Gas metanol o albañal – Arsénico o veneno-veneno – Monóxido de carbono – Metano o combustible de petardos – Pintura blanca, contenida en la utilizada para pintar los filtros blancos de las boquillas… y así hasta más de 4.000 venenos o tóxicos.

Y he mejorado –y mejoraré aún más en la medida que transcurra el tiempo- en todo esto:

-20 minutos después, la presión arterial y el ritmo cardiaco comenzaron a normalizarse en mí. 8 horas después, los niveles de nicotina y el monóxido de carbono en la sangre se habían reducido a la mitad; y el oxígeno se aproximaba a la normalidad. 24 horas después, me disminuyó el riesgo de infarto de miocardio y los pulmones empezaron a remover mucosidad. 48 horas después, se me recuperó la capacidad de oler y saborear; y la nicotina me desapareció prácticamente de mi organismo. 3 días después, aumentó mi capacidad pulmonar reduciéndose la tos –la escasísima que tenía- y aumento en mí la sensación de bienestar.  15 días después, mejoró de forma generalizada mi circulación sanguínea y la dependencia física a la nicotina me desapareció por completo. Y, a partir de ahora, según me ha indicado el médico –y bien conozco por la anterior  ocasión que dejé de fumar-, entre este primer mes y el tercero, la presión arterial recuperará los valores normales, además de mejorar el flujo de la sangre en las manos y en los pies; y después de los tres meses hasta el sexto, me aumentará la capacidad de resistencia a las infecciones, consolidándose la conducta NO fumadora en mi vida cotidiana. ¡¡ALELUYA!!

Al día de hoy, después de un mes transcurrido, me estoy apoyando con estos consejos, que os transmito hacer a vosotros, igualmente, desde el primer día, si dejáis de fumar:

  • El primer día me levanté antes de lo habitual. Hice más ejercicio que otros días, sin excederme. Bebí más agua y tomé algún zumo de naranja. Salí de casa decidido a no fumar, aunque fuera solamente ese día; ni tan siquiera llevé el mechero. Tomé, como es costumbre a diario, mi pastilla para controlar mi tensión. Me mantengo lo más activo posible, y procuro que mis manos y boca estén ocupadas. A partir del día siguiente seguí haciendo lo mismo, pero evitando situaciones que se asocien el hábito del tabaco. Puse en práctica algunas estrategias para evitar momentos críticos. Si sentía deseos fuertes deseos de fumar, inspiraba fuertemente varias veces, dejando que el aire llenara mis pulmones. Practico todos los días ejercicio moderado y he aumentado el consumo de verduras y frutas para ayudarme a desintoxicarme y a controlar el peso, algo muy importante para los que dejamos de fumar, pues la ansiedad nos puede llevar a ser glotones. No he cedido ante la ansiedad de consumir NI un cigarrillo. Me felicito cada día por haber dejado de fumar. ¡¡Y me siento más jovial y con una piel mejorada y más tersa. ¡¡Que guay!!

Aunque la verdad de todo ello –de tener que dejar el tabaco obligatoriamente- es porque así debo de hacerlo a causa de tener que ponerme dos implantes molares, siendo el tabaco, todo él, el veneno más nocivo para el hueso dental. Y la verdad, no tenía ganas de que, aparte de la pasta que me voy a gastar en el odontólogo, encima yo mismo ingiera venenos perniciosos para que en un año se me estropeara los referidos implantes dentales.

¿Por qué os buscáis otra excusa vosotros, donde podáis haceros fuertes, para dejar esta ponzoña del tabaco que nos destruye y contamina cualquier órgano que disponemos, e incluso matarnos y, como menos, reducir nuestra vida o llevarla con los peores sufrimientos que sospechemos tener el tabaco…

¡¡Ánimo!! Os invito a dejar de fumar, amigos lectores. Pues, sinceramente, es muy fácil si sois capaces de daros cuenta de que está capacitado para matarnos. ¡¡Y encima pagar dinero por ello!! Y no poco.

¡¡Ah!! Se olvidaba deciros que a Rafa, mi querido yerno, le perdoné la mariscada apostada, aunque él quería pagarla… (¡Ejem…, ejem…!). Después de todo, ¿cómo iba yo a tener la jeta de darme un atracón de marisco si me había ayudado –por picarme con él- a dejar el venenoso tabaco?

Gracias, Rafa. Te mereces, como poco, este abrazo cariñoso que desde esta sección te envío como agradecimiento. Si no hubiera sido porque me picaste a dejarlo, quizá todavía me estaría envenenando con la ponzoña del tabaco. Que la vida te lo pague con salud y en compañía de mi hija Noemí, tu querida esposa, y de las dos preciosas criaturas –mis nietos- que ambos habéis tenido para felicidad de todos.

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Publicado el
25 de agosto de 2015 - 05:14 h
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