Aparentemente milagrosos....pero no tanto

Me sorprende cada día ver en las teles y en las revistas de moda los increíbles impactos publicitarios que se lanzan sobre determinados productos para el cuidado y sanación del cabello, tales como que "una cabellera estropeada durante tres meses se regenera con solo lavarlo" o "en solo una  aplicación con tal o cual champú!", "que no es necesario cortarse el cabello, ni siquiera las puntas, porque la mascarilla capilar mengana o zutana es tan milagrosa que es capaz de regenerar al cabello con solo olerla" o "pasa de pelo a pelazo, fuerte, abundante y con un brillo que quita el hipo, con solo lavarse el pelo con un champú fenomenal"

No os lo creáis, en parte es pura fantasía. Se trata de publicidad envuelta en el manto de lo engañoso, de lo superfluo, de la carolina exagerada, de la floritura como adorno para sobresalir…, de todo lo que podáis imaginar y más, menos basado en la auténtica verdad, se mire por donde se quiera, lo diga quien lo diga o lo rubrique aquella o la otra marca de la importancia que cada cual quiera. Está comprobado científicamente. La calidad de un producto no estriba en estas exageraciones sino en la composición química que conlleve en función al pH básico determinado para lo que esté formulado, en este caso en relación directa al pH del cabello y del cuero cabelludo. ¿El pH? ¿Qué es esto?, se preguntarán algunos. Os lo resumo: es lo relativo a la acidez, neutralidad o alcalinidad de un fluido en mezcla con o sobre otro, debiendo respetar el que tiene por origen allá donde sea aplicado. 

Conocer el pH y el juego que debemos realizar con él es controlar la calidad de un producto de los que normalmente utilizamos. Para esto es necesario disponer de ciertos conocimientos, de la misma manera que lo realizan otros profesionales en sus respectivas actividades. Es el mismo juego que debemos seguir en el control de nuestra salud en relación al pH de nuestra sangre y líquidos que integran el cuerpo humano, especialmente con la ingesta del agua o la usada en la piscina con productos que normalizan su pH en relación al de nuestra piel, sin olvidarnos el comprendido en los alimentos (lo que prácticamente se desconoce), incluso en los productos de uso doméstico, etc., todo perfectamente tipificado y acorde al pH establecido como básico y requerido en cada rama.

Esta es la verdadera interpretación que debemos darle a los productos que utilicemos para nuestro cabello y, por ende, donde reside la calidad del producto capilar que utilicemos, no otra.

Por lo tanto, el pH es un condicionamiento al que están sometidos estos productos-milagreros tan cacareados en las teles y revistas, siglas que no aparecen en sus envases o prospectos, aunque no dudo que sean de procedencia ácida, pero no tanto como le corresponderían tener en función de la exagerada idoneidad para sanarlos tan portentosamente como dan a entender en los anuncios. Entonces, ¿qué ha sucedido? Pues que solamente han forrado su exterior con sustancias suavizantes de relleno  (queratinas o similares), como si los hubieran maquillado para una sola ocasión... Y ya es bastante.

No caigáis en la ingenuidad permitiendo falsas expectativas. Un  cabello estropeado no tiene recambio ni solución posible para devolverlo a su origen. Lo recomendable es cortar por lo sano y renovarse con un nuevo estilo o confiar en profesionales del cabello, donde os asesorarán mejor que un droguero, un perfumista ocasional o el esperpéntico, silencioso, frío y solitario estante de un supermercado, a pesar de estar abarrotado de tentadoras y prodigiosas ofertas… que no son del todo son tan ciertas. 

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10 de febrero de 2015 - 04:19 h