DesPPidos en el Instituto Municipal de Deportes: El origen

Durante esta última semana, he podido seguir en los distintos medios de comunicación las reacciones generadas por los despidos que se han practicado en el Ayuntamiento de Córdoba, los cuales afectan, entre otros, a 28 trabajadores del Instituto Municipal de Deportes (IMDECO). Para los actuales dirigentes municipales, los despidos son consecuencia lógica de la caótica política en materia de recursos humanos de gobiernos anteriores y, además, los populares recuerdan que aquéllos ya se contemplaban en el Plan de Ajuste que el Pleno de la Corporación aprobó el pasado mes de marzo, el cual era requisito imprescindible para que el Ayuntamiento pudiera acogerse al plan especial de pago a proveedores acordado por el ejecutivo central. En cuanto a la oposición, los grupos municipales de Izquierda Unida y del Partido Socialista coinciden en calificar los despidos como "una vergüenza". En esta línea, el Coordinador Local de IU ha declarado públicamente que "el PP está marcando una línea distinta a la lógica". Ante esta avalancha de opiniones contrapuestas, me he permitido rescatar para ustedes una historia con tintes autobiográficos que está basada en hechos reales y en la que cualquier parecido con la realidad, para esta ocasión, no es pura coincidencia. Una vez leída, juzguen ustedes mismos y, si en algún momento dudan de la objetividad del relator por su reciente pasado, les invito a que examinen los artículos que con anterioridad he publicado en este periódico.

Como toda buena fábula que se precie, ha de tener un comienzo que esté a su altura, el cual reza así: "Erase una vez, un concejal del Ayuntamiento de Córdoba que era miembro del Consejo Rector del IMDECO. En la última sesión de este órgano en la que participó, muy próxima a las elecciones locales, figuraba en el orden del día la consolidación como personal indefinido de más de una veintena de trabajadores y trabajadoras que, hasta ese preciso instante, disfrutaban de un contrato temporal. Teniendo en cuenta que en ese momento el referido Instituto estaba externalizando a favor de clubes deportivos o entidades privadas la mayoría de los servicios que prestaba, el inocente edil preguntó por qué se proponía incrementar la plantilla de personal. El citado munícipe, corto de entendederas políticas, no hallaba la causa que pudiera justificar el aumento del gasto en el Capítulo I -el cual está destinado a Personal- del ya de por sí castigado Presupuesto del IMDECO, máxime cuando los clubes y entidades antes referidos ya disponían de su propios trabajadores y trabajadoras. Por tanto, como consecuencia lógica, si el referido organismo municipal iba prestando paulatinamente menos servicios con carácter directo, sus necesidades de personal indefinido también deberían ser menores.

A pesar de los desvelos por calmar su sed de conocimientos, el concejal no obtuvo respuesta oficial en la sesión del órgano por lo que, junto con algunos miembros más, se abstuvo ante la propuesta ya que la consideraba insuficientemente motivada. La matemática es una ciencia exacta y, a priori, las necesidades del organismo municipal ya estaban más que cubiertas con los efectivos de personal existentes, pensó. En cualquier caso, una vez culminada la reunión del Consejo Rector, varios componentes del mismo se acercaron al edil objeto de esta historia para despedirse y desearle suerte en el futuro pues, como ya adelanté, era la última sesión a la que asistiría -las elecciones municipales estaban a la vuelta de la esquina y nuestro protagonista no iba repetir como candidato-. Entre abrazos y buenos deseos y en clara alusión a las cuestiones que con anterioridad había planteado, los citados miembros del organismo municipal le vinieron a decir con amable condescendencia que la campaña electoral mandaba y que más allá del déficit o de las problemas futuros que la reciente decisión adoptada pudiera generar en el seno del IMDECO, los votos eran los votos.

Con el paso del tiempo, el concejal abandonó la actividad pública y se centró en la preparación de unas oposiciones. No obstante, transcurrido más de una año, recibió una llamada telefónica de unos señores que tenían como proyecto la publicación de un periódico digital y que le ofrecieron la posibilidad de colaborar en el mismo cada semana mediante un artículo de opinión. El antiguo capitular, al que siempre le ha ido la marcha, aceptó sin dilación y comenzó a escribir sobre todo aquello que antes vivía en primera persona y ahora observaba desde la distancia. Un día, mientras decidía sobre la temática de su artículo, leyó en los medios de comunicación unas declaraciones sobre el despido de 28 trabajadores del IMEDECO y, obviamente, vino a su memoria la génesis del problema. Si bien la pérdida de un puesto de trabajo era algo muy serio, especialmente en los tiempos que corrían, no pudo evitar una sonrisa irónica cuando comprobó lo esperpéntica que puede llegar a ser la actuación política ya que aquéllos que criticaban la acción fueron precisamente los que crearon el conflicto mediante su voto afirmativo en aquella sesión del Consejo Rector y es que, para algunos, en campaña electoral, más allá de los intereses de la institución pública a la que representan, los votos son los votos".

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11 de octubre de 2012 - 08:00 h