¿Dónde está la mosca?

Imaginemos a Hombre A (llamado "Canijito") y Hombre B (llamado "Musiquito") condenados eternamente a ser vecinos. Todos los domingos por la mañana Canijito enciende su reproductor de CD´s full volumen. Musiquito con mucha suerte no tiene resaca. A través del deprimente patio comunitario, se puede escuchar con perfecta nitidez a David Bisbal, Pitingo covers y demás radiofórmulas al uso. Un buen día, Musiquito, cansado de la música, decide tomar cartas en el asunto. Llama a su puerta, y le hace entrega de dos discos, el Sargento Pepper de los Beatles y el Pet Sounds de los Beach Boys. Era algo arriesgado, pero Canijito respondió al estímulo. A los pocos días, sonó la puerta en sentido contrario agradeciendo la entrega y dispuesto a tomar un poco más de aquello. Le habló entonces de Belle & Sebastian y de los Smiths, animándolo también a escucharlos e indicándole que sus amigos, o compadres, como a Canijito gustaba decir,  no le iban a llamar maricón  por eso (mentía).

A pesar de los conflictos morales de Canijito, había algo en esa música que despertaba su curiosidad y su afán por conocer aquel mundo tan extraño. Musuquito le habló entonces de que Joe Meek también tenía voces en su cabeza que le hablaban de un nuevo mundo. Le  contó cómo Kraftwerk mostraban un mundo futuro donde máquinas y hombres convivían en armonía, rompiendo con la aún reciente imagen nazi de Alemania. Todas las referencias que Musuquito suministraba iban acompañadas de pequeñas anécdotas estúpidas, que no hacían sino despertar más interés al vecino. Así, lo mismo un día le contaba que Silver Apples inventaron un aparato llamado Simeón, y que dieron un concierto en Central Park el día que el hombre llegó a la Luna, y otro dia le narraba cómo se hizo el harakiri Elliott Smith. El día en que Musiquito mostró a Canijito la obra 4,33 de John Cage, explicándole que era silencio absoluto, y su significado metafísico respecto de la música, lloró. Musiquito se dio cuenta en ese momento que lo había conseguido. Había transformado a Canijito en un exquisito gourmet musical. El simple hecho de mirar en la guantera de su Seat Toledo y ver allí apilados sus antiguos cedés le provocaba un vómito de una virulencia digna de un primero de enero o un sábado de feria en la ciudad de Cordópolis.

Al domingo siguiente Musiquito puso el despertador a las 7 de la mañana (como el resto de domingos de su vida) y puso el equipo de música al máximo con un directo pirata de Arrebato en el estadio Sánchez Pizjuán (igual que el resto de domingos de su vida). Quizás Canijito contraatacaba pinchando 4,33, pero eso nunca lo sabremos.

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Publicado el
7 de octubre de 2012 - 08:00 h
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