La tabla periódica

Pues sí, amigos. Además de ser hincha del Córdoba y escribir pamplinas aquí en Cordópolis...soy profesor de (horror) ¡¡¡FÍSICA Y QUÍMICA!!! De entre todos los trabajos forzados que nos obligaban a realizar nuestros profesores de esta asignatura, destacaba, con mucho, el de aprender de memoria la maldita tabla periódica. ¿Cuántos ciudadanos honrados, de esos que ahora pagan puntualmente sus impuestos e incluso han ido a misa alguna vez, no han deseado matar con sus propias manos al endemoniado ruso que la inventó? Me pongo el primero en la lista.

Un estimado compañero mío, profesor de inglés, tiene una máxima que yo comparto plenamente: "no se puede aprender con el ojete encogido", que yo traduzco para mis doctos lectores como "no se puede aprender asustado". Siguiendo este principio puedo envalentonarme y confesar, con riesgo de que sabios colegas me retiren su afecto y su palabra, que yo no obligo a mis estudiantes a que se la aprendan.

Eso sí. Lo primero que yo hago cuando llego el primer día a un aula es colgar la tabla en la pared. Así los chicos se dan cuenta de que no muerde y que la mayoría de lo que hay escrito en los cuadritos les suena. Un adolescente pasa muchas horas en clase aburrido, y a falta de pósteres de Mario Casas o Pilar Rubio ligeritos de ropa, posan su vista en la tabla. Así, se percatan de la forma que tiene, de que los elementos se agrupan en casillas cuyo color tiene un significado, de que los elementos de cada columna tienen mucho que ver entre ellos, y un sinfín de detalles que son mucho más importantes que recordar el orden exacto de ese batiburrillo. Además, de verla una y otra vez allí colgada, sin la espada de Damocles que supone examinarles su memoria a corto plazo, terminan recordándola durante mucho más tiempo ¿Qué sentido tiene obligar a un chico a grabarse en el cerebro esa bárbara cantidad de información, cuando puede acceder a ella en diez segundos desde su teléfono móvil? ¿Cuántos de aquellos estudiantes, hoy ya adultos, que tanto empeño le pusieron, recuerdan algo más que la primera columna y, sin embargo, no saben qué carajo son el hidrógeno, litio, sodio, potasio, rubidio, cesio y el francio, ni las semejanzas entre ellos?

Quizás este ha sido uno de los principales motivos por los que la mayoría de la gente recuerda esta materia como la más complicada de sus estudios. Esta anticuada y absurda metodología ha supuesto, históricamente, una desoladora huida de vocaciones. Estoy seguro de que muchas personas que podían haber sido unos excelentes científicos, cogieron otros caminos asustados por la espantosa tabla de marras.

Quiero enseñar Química, no a memorizar. La Química (y la Física) es preciosa y no se debería afearla de tan estúpida manera. Yo no me sé la tabla entera (me lío con los desterrados lantánidos y actínidos) y no por ello soy peor químico, ni peor profesor.

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Publicado el
6 de noviembre de 2013 - 00:17 h
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