Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

La política Pernichi

Amparo Pernichi, en el Ayuntamiento de Córdoba.

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Amparo llegó al Ayuntamiento en 2015 y lo primero que hizo fue estudiar. No era lo habitual. Lo normal es que el concejal de turno llegue a ese buque gigantesco que es la Administración Local sin tener mucha idea de cómo funciona, pero que tras años de leer periódicos o hacer política cree saber la solución a todos los problemas de Capitulares. Nunca es así.

La política local puede ser la más bonita, la más desagradecida de todas las administraciones de España, pero no tengo duda de que es la más difícil. Un concejal que acaba de llegar se enfrenta a una montaña de normativas que desconoce, al funcionamiento de una administración con la que tiene que bregar a diario que no sabe ni por dónde empieza y a unas exigencias vecinales desde el primer día. El concejal suele ser una persona conocida en su ciudad, es fácil encontrárselo por la calle, saber quiénes son sus hijos, conocer su pasado. Y es alguien a quien se le demanda ya que arregle algo. No es fácil.

Pernichi comprendió pronto que lo primero que tenía que hacer era estudiar para saber cómo funcionaba la administración local, un complejo sistema normativo en el que la mayoría de los problemas están dentro, y no fuera. Pero lo hizo. Preguntó a quién sabía, se acercó a quién tenía experiencia de gestión municipal y en el mandato más complicado para la izquierda en Córdoba, el de 2015 a 2019, gestionó, no sin problemas, un área tan importante como Infraestructuras y otra tan política como Medio Ambiente. Todavía hoy, Infraestructuras está ejecutando obras que proyectó bajo su mandato (como por ejemplo la reforma del eje Realejo-San Lorenzo). Siempre que el primer sábado de cada mes me pase por el Ecomercado recordaré que fue gracias a su empeño.

Amparo no va a leer esta columna. La prensa local también es una de las más difíciles formas de ejercer el periodismo en el mundo. Los políticos y los periodistas vivimos en la misma ciudad, compartimos amigos, coincidimos tomando café, nos conocemos de antes, durante, o después, nos preguntamos por la salud y por la familia. Aquí no es fácil ser político. Tampoco periodista. Pero creo que la receta es la misma: la humildad.

Pernichi era una política humilde y muy sensible. Sufría con lo que no salía bien y tenía un sentimiento del deber y del trabajo admirable. Siguió trabajando, intervino hace unos días en el último Pleno del Ayuntamiento y murió siendo concejala, un cargo, ahora en la oposición, que ella valoraba muchísimo en un año que por otras circunstancias le hizo sufrir más. Pero Amparo nunca perdió la sonrisa ni la paciencia aún en los peores momentos. Que la tierra te sea leve.

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