Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

La maldición de El Arcángel

Entrada original al nuevo estadio, aún en pie

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No. Esta columna no va de historias ni de leyendas sobre el Arcángel San Rafael, su devoción cordobesa o los peroles. Va sobre una maldición que ha sobrevolado a todos y cada uno de los gobiernos municipales en el Ayuntamiento de Córdoba: el estadio.

La historia del fútbol en España es singular. También en Italia o Grecia. En los ochenta y en los noventa, una multitud de clubes con problemas económicos recurrían a las administraciones públicas para enjugar pérdidas. En Italia casi todos los clubes juegan en estadios de titularidad pública y ese es uno de sus grandes problemas. En España, salvo los grandes y contadas excepciones, ocurre algo parecido. Córdoba, por tanto, no es ni una excepción ni una singularidad.

Quizás lo sea en lo mal que se ha hecho todo desde el principio y hasta el final. A día de hoy, el Córdoba Club de Fútbol sigue jugando en el Arcángel sin ningún papel que le respalde. Técnicamente, y que me entiendan los aficionados, es un okupa, pero al que nadie va a desahuciar jamás. El único documento que le respalda es un protocolo de intenciones que firmaron José Antonio Nieto y Carlos González hace una década. Un protocolo que decía que el club y el Ayuntamiento se comprometían a firmar una cesión, algo que, sorpresa, nunca ocurrió.

Ninguna corporación, desde que se construyó el nuevo estadio en 1993, ha conseguido firmar un protocolo de cesión. En los noventa casi ningún ayuntamiento de ninguna ciudad lo hacía. A principios de la década del 2000 pero sobre todo de la del 2010 comenzaron a llegar las advertencias de Europa: las instituciones no podían ayudar económicamente a Sociedades Anónimas Deportivas con ánimo de lucro. Poco a poco, los ayuntamientos y los clubes se fueron poniendo de acuerdo y regularizando su situación. Pero aquí es donde está la singularidad cordobesa: Córdoba nunca lo logró.

El club, está claro, ha pasado por unos vaivenes salvajes desde el concurso de acreedores de Prasa, la compra de Carlos González, la venta a Jesús León y la salvación vía unidad productiva a Bahrein. Y en todos esos vaivenes se apostó por lo urgente y no por lo importante a largo plazo.

Ahora que había un pliego y un expediente de cesión, el Córdoba Club de Fútbol ha protestado tanto que al final el Ayuntamiento lo ha retirado. Aunque se ha dado orden de reiniciarlo, dudo mucho que dé tiempo de dejarlo listo antes del 28 de mayo de 2023, que es cuando están convocadas las próximas elecciones municipales. El propio alcalde hablaba de que ojalá estuviese para la próxima temporada.

Y ojalá el Córdoba Club de Fútbol regrese al fútbol profesional el año que viene, ascendiendo a Segunda División. Pero ojo con el estadio. Europa vigila.

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