Juego de Tronos a la izquierda

Me habría encantado ser extra en el rodaje de Juego de Tronos en Almodóvar del Río. Los 1.500 extras que busca la productora están condenados a morir, obviamente, en una de las series para televisión con más víctimas. Muchas veces me pregunto (no es spoiler) si con tanto muerto en el mundo de Juego de Tronos llegará un día en que no quede nadie en los Siete Reinos. Que quede un único rey o reina, cuyo reino sea un país sin gente, repleto de muertos.

A la izquierda en España le pasa algo parecido. Desde hace un año, vive en un Juego de Tronos permanente que está empezando a dejar un reguero de cadáveres en una serie de debates internos que más allá de lo ideológico no dejan de ser una pugna por el poder, por mandar. Más allá de abstención sí o no a un Gobierno del PP, es imposible escuchar en estos feroces días, en los que corren ríos de sangre, alguna propuesta concreta sobre cómo vamos a pagar las pensiones del año que viene. O qué vamos a hacer con la deuda cuando el precio del petróleo vuelva a subir (ya lo está haciendo poco a poco) o los turistas dejen de venir.

La batalla, salvaje en el PSOE y muy destacable en Podemos, va a dejar heridas abiertas de esas que pasan años antes de que se cosan. De hecho, es hasta probable que tras alguna de esas batallas surja alguna escisión que atomice aún más a la izquierda española.

Esto no es nuevo. Es historia de España. Durante la II República y también en la Guerra Civil la izquierda se peleó entre sí casi con tanta fuerza como lo hacía contra Franco. Era la guerra dentro de la guerra. Al menos entonces se pugnaba por una idea, por cómo reformar España: democracia liberal republicana, república socialista, estado comunista o directamente el comunismo libertario. A día de hoy yo no tengo muy claro qué propone cada una de las partes, más allá de una pugna por el poder, por ocupar la hegemonía de una izquierda que parece que no aspira a nada más que a ser oposición.

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2 de octubre de 2016 - 03:34 h