Emplazarte: ¡no nos arrepentimos de ocupar la ciudad!

(Dedicado a Emplazarte, Cortocircuito, Córdoba Escena, Córdoba Esfera, Casa Azul, El Laberinto y unos pocos más)

La ética y estética de las ciudades no solo existe entre las formas ya dadas. Es fundamental que las gentes que habitamos las ciudades intervengamos para resistir (casi siempre), para crear y para transformar.

En las últimas décadas ha tomado cuerpo una tendencia a considerar el espacio propio (individual o de nuestra tribu) como el único espacio seguro. En algunos casos extremos (pero no aislados) esta tendencia deriva a reducir la seguridad al espacio íntimo. Quienes han gestionado la ciudad (conservadores y menos conservadores) han administrado el miedo de dos maneras curiosas: los primeros privatizando todo aquello que a ellos y a los que representan les parece necesario privatizar; los segundos monopolizando y controlando todo aquello que sucede en la ciudad (singularmente lo que se denomina cultura). Se trata del ejercicio de poder.

Nuestras ciudades acumulan sufrimientos y desigualdades que habitan en espacios cada vez más segregados: los turistas, los burgueses , los estudiantes, las clases medias, los trabajadores, los modernos, los carcas, los pobres, los definitivamente abandonados y los que están en puertas de…, todos tienen sus espacios convertidos en fronteras (unas veces permeables y otras no). Vivimos una verdadera obsesión por el deslinde y los límites. Así perdemos la atención. No vemos a los demás. No vemos ni las diferencias ni las similitudes (aunque algunos las imaginan). De vez en cuando las élites discuten sobre la importancia de lo "contemporáneo" como proyecto y aspiración de futuro y lo "pasado" como referente de identidad. Y esto está bien… mientras tanto los gestores continúan ejerciendo sus atribuciones aplicando políticas que la mayoría de las veces solo responden a intereses ajenos a las gentes (los inmobiliarios y especulativos marcan la tendencia).

En nuestra ciudad, Córdoba, la ciudad de la Mezquita, existe un verdadero rizoma de grupos y movimientos libres que se preocupan y se ocupan de pensar y actuar para cambiar esta realidad que destruye un proyecto ético y estético de ciudad. Un pequeño grupo contribuye a esta labor de alimentar la esperanza. Se llama: Emplazarte. Son libres y amigos. Ocupan cada cierto tiempo una plaza pública para recordarnos que las ciudades son de los ciudadanos solo cuando los ciudadanos ejercen de tales. Ocupan las plazas para hacer jazz o flamenco o teatro o danza o intervenciones artísticas de cualquier índole. Músicos, funcionarios, vecinos de los barrios, pintores, turistas (que pueden ser músicos o funcionarios o trabajadores del metal…) se reúnen para ejercer de ciudadanos a través de la cultura.

Y sin pedir permiso. Porque no queremos vivir en ciudades escaparate. Porque no nos gustan las fronteras. Porque no nos gustan las ciudades atemorizadas. Porque no nos gusta la tontería de pedir permiso para ejercer de ciudadanos. Porque las infinitas derrotas nos han hecho más fuertes.

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27 de noviembre de 2012 - 03:25 h
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