Soy mujer y yo lo valgo

Mucho se va a hablar de datos, desigualdad, derechos, mujer... todos estos días que bordean el 8 de marzo. ¿Pero cuándo saldrá de ese círculo para ir más allá? Pocas amigas mexicanas se plantean en la Ciudad de México por qué tiene que haber división entre géneros en el transporte público, o por qué se asume tanto en este país que el hombre paga la cuenta y abre la puerta, o si es de ser muy hombre hablar o mirar a la mujer con esa extrema superioridad. Tampoco se plantea en este país que una violación, el acoso o la violencia hasta el extremo sea un problema de esta sociedad machista, ya olvídate de conocer los datos de mujeres asesinadas mensualmente, anualmente a manos de hombres, no hay tal registro... Es triste, ¿no? Si ocurre un caso de violencia y se conoce se asume que es porque la "vieja" era muy puta o algo le haría al novio o marido... ¿En qué siglo estamos?

¿Qué hay detrás de ese machismo? ¿De esa demostración constante de la superioridad masculina? ¿De esa ostentosa virilidad? Pues lean nada más un poco de historia pre-hispánica, y después continuemos con la imposición religiosa y la moralidad del catecismo... Aunque esto último es denominador común en todas las sociedades occidentales de marcado acento religioso y claro, en el islam más extremo también. La mujer ha sido históricamente relegada, maltratada, denostada y ahora, ¿cómo retomar su lugar? No es feminismo, se trata de igualdad. Dos seres humanos iguales, iguales 

sea por el color de su piel o por su género.  Entonces, ¿por qué las mujeres siguen teniendo más dificultades añadidas para incorporarse a un trabajo fuera del hogar? ¿Por cobrar el mismo salario, el justo, respecto a un hombre igual de formado que ellas? ¿Por qué el techo de cristal dificulta la cesión de cargos directivos a mujeres o si lo hacen tienen que asumir un rol masculino para demostrar qué pueden hacerlo? 

Se dan cuenta de cuántos interrogantes que no se despejan sólo en una semana entorno al día 8 de marzo, ni en todo este mes. Requiere de un esfuerzo diario, una lucha a la que nos enfrentamos muchas cada día y a veces en entornos más adversos (como puede ser una ciudad, un país considerablemente más machista como es México respecto a otros países europeos). Reeducar. Evolucionar. Puede muchas veces quedar en anécdota o en la gracia que un hombre te mire así o te abra la puerta, pero la cuestión va más allá, no tengo por qué tolerar ese comportamiento. Tengo que hacer algo para cambiarlo, tratar de que esos micromachismos, esos gestos cotidianos se reviertan, me miren a los ojos como un igual, incluidas el resto de mujeres que tienen asumido dentro de su pensamiento ese machismo. En serio, no creo en el 8 de marzo, creo en el trabajo del día a día y ese sí que es duro. Décadas, siglos después, seguimos reivindicando derechos que debemos conquistar a fuerza de golpes, de inteligencia, de demostrarnos a nosotras mismas que somos mujeres y somos tan capaces como cualquiera. Sí, soy mujer, y yo lo valgo. 

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6 de marzo de 2017 - 08:07 h