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Epigenética y Embarazo

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María Isabel Martínez

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O lo que es lo mismo, cómo la mujer embarazada es capaz de modificar la expresión de los genes de su hijo ya desde el útero, y hacer que aumente o disminuya la probabilidad de que su hijo sea obeso, hipertenso, diabético o tenga mayor predisposición a enfermedades cardiovasculares en el futuro.

Para hablar de esto es necesario hacer referencia a la Epigenética para entender muy bien el mecanismo. ¿Qué es la Epigenética? Es la rama de la ciencia que estudia cómo nuestro entorno y nuestros hábitos pueden afectar a la expresión de nuestros genes sin alterar nuestro ADN, es decir nuestra genética. Lo que viene a decirnos la epigenética es que aunque tengamos una genética subyacente y heredada, las “instrucciones” que hacen que esos genes se expresen o no, vienen determinadas por la modulación que hace nuestro entorno sobre nosotros.

Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado en las embarazadas pues hoy sabemos que existe  una comunicación intrauterina entre la gestante y el embrión ya desde incluso antes de su implantación, que codificará la expresión del genoma en el futuro bebé.

Ya en 1990, el famoso epidemiólogo David Barker afirmaba que “lo que sucede en el útero materno es más importante que lo que sucede tras el nacimiento”.

Numerosos estudios como los realizados por Keith Godfrey, de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, han demostrado que la alteración de la dieta en la mujer gestante podía alterar la expresión de los genes que determinan la obesidad en sus hijos. En el estudio, se tomaron muestras de cordón umbilical para buscar lo que se denomina los “marcadores epigenéticos”. Así las madres que habían sido expuestas a dietas consistentes en un aumento de hidratos de carbono (azúcares) tuvieron hijos con estos mismos“marcadores epigenéticos”. Posteriormente, al estudiar a los hijos entre seis y nueve años con obesidad infantil, se vio que estos niños mantenían la correlación con dichos marcadores.

Por todo ello, es necesario informar a  la mujer que está embarazada (e incluso la que quiere quedarse embarazada aunque aún no lo esté) que ha de cuidar mucho su alimentación y sus hábitos, pues no solo contribuirá a mejorar su salud, sino que deteminará la salud de sus hijos e incluso sus nietos. La educación nutricional en la mujer embarazada por tanto puede ser clave en la prevención de enfermedades cardiovasculares y de diabetes, que la mayor parte de las veces son consecuencia de la epidemia de obesidad que nos invade.

Dicho de otro modo, si la mujer está embarazada, sus hábitos de vida podrán alterar la expresión de los genes de sus hijos para bien o para mal. Por eso es necesario cuidarse especialmente en este período de nuestra vida. Mantener una alimentación saludable, hacer algo de actividad física, abandonar hábitos tóxicos (como el alcohol y el tabaco), cuidar de nuestra salud mental y de nuestras emociones, son clave para modular correctamente la expresión del genoma. Puedes profundizar algo más aquí.

Se ha demostrado que la predisposición al sobrepeso en los niños está determinada ya antes de nacer y el niño que mañana será obeso, estaba predispuesto a serlo desde que estaba en el útero de su madre. No sólo esto, sino también la predisposición a la diabetes e incluso a padecer dermatitis atópica, entre otras enfermedades.

Alimentación de la Embarazada

Y ¿Qué debe por tanto comer la embarazada? Pues lo mismo que el resto de la población. Lo que deberíamos hacer todos: huir de los alimentos procesados y todos aquellos que lleven azúcares añadidos (y encubiertos), así como los alimentos que contengan aceite de palma o palmite y sal en grandes proporciones (las recomendaciones de ingesta de sal en la población adulta es de 5g. diarios)

Se recomienda hacer la compra en un mercado tradicional y evitar los supermercados, pues en estos es donde podemos encontrar un gran número de reclamos que confunden al consumidor y le hacen picar pensando que están comprando alimentos saludables, sin ser cierto. Evitemos los productos ligth, bajos en, con declaraciones nutricionales, 0% y un sin fin de productos antisalubres disfrazados por reclamos llamativos para el consumidor.

Es necesario leer bien las etiquetas y evitar todos aquellos productos que lleven azúcares añadidos y esto se ve no en la tabla de composición de los alimentos, pues ahí no se especifica entre los azúcares añadidos y los del propio alimento (que esos son beneficiosos) sino en los ingredientes. En el listado de ingredientes es donde si aparece el azúcar en cualquiera de sus distintas nomenclaturas (que obviamente tratan de confundir al consumidor: fructosa, maltosa, jarabe de.., miel de.., dextrosa, melaza, maltodextrina, sucrosa, etc...) automáticamente dejaremos el producto en la estantería donde lo encontramos. Ni que decir tiene, que debería estar “prohibida la entrada” a los pasillos donde se exponen las galletas, productos infantiles, bollería y un largo etcétera de productos pobremente nutricionales y altamente calóricos, que favorecen un ambiente obesogénico. Otra medida importante sería pasarnos a las versiones integrales de los alimentos (harinas, arroces, pastas, cereales, etc.) nutricionalmente más interesantes, además de aportarnos fibra alimentaria.

Esto es muy importante porque fijaros, hemos dicho que los marcadores epigenéticos son influenciables por el entorno, tanto en un sentido como en otro. Es decir, que si yo cambio mi alimentación y estilo de vida hacia uno más saludable, no sólo estoy mejorando mi salud y alargando mi expectativa de vida, además de disminuir los factores de riesgo cardiovasculares,  sino que igualmente lo estamos haciendo con nuestros hijos.

¿Y si de lo que hablamos es de la alimentación de nuestros hijos?

Pues igual. Os propongo un pequeño ejercicio empírico: Mirad en su composición antes de darles un inofensivo donut a vuestro hijo: 24 g por cada 100 son grasas y de ellas, la mitad son saturadas y un total de 20 g de azúcares, ninguna de estas cosas saludables. Y un donut una vez cada “x” tiempo, pues no sé.... “podría colar”, pero a diario.... más zumos, más galletas, más cereales de desayuno azucarados, más...más...más....

Si nos acostumbramos a dar comida sana a nuestros hijos, sin azúcares añadidos, ni sal, ni refrescos azucarados y fundamentalmente basada en verduras y hortalizas, frutas, legumbres, carnes y pescados, sin olvidar las grasas saludables (aceite de oliva, frutos secos, semillas, aguacate, aceitunas, etc.), si fomentamos la actividad física en ellos (salimos al parque a jugar o al campo de excursión), si generamos un ambiente agradable entorno a la comida y educamos a nuestros hijos nutricionalmente y de forma consciente (no comer con tele, hacerlo en familia, dar ejemplo de alimentación saludable) no solo los estamos educando correctamente hacia un estilo de vida y alimentación saludables, sino que nuestros hijos revertirán sus marcadores epigenéticos y le estaremos dando el mejor regalo posible, la salud. Y si esto lo aplicamos desde el embarazo, o incluso antes de la concepción, conseguiremos que no se expresen los “genes malignos”.

Así es que mamá, cuídate y cuida de los tuyos. Y si lo necesitas, busca consejo nutricional de un profesional.

Autor: Dra. Mª Isabel Martínez Muñoz

Médico Especializada en Educación Maternal y Recuperación Puerperal.

Especialista en Sofrología, Asesora de lactancia Materna y Educadora de Masaje Infantil

Directora del Centro de Educación Maternal C.E.M. Los Arcos

www.cemlosarcos.es

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