“Sube el nivel del mal”... y Rufián lo sabe
Desde que oí esta canción de Macaco no he parado de escucharla. Creo que podría elegirla himno a lo que nos está pasando en el mundo y como eslogan de la putrefacta realidad política de este país con la que cada día aquí nos levantamos. Y lo peor es que, como dice Macaco, de ese mal es “… tan culpable el que lo crea como aquel que le dé igual”
Y no, a mí no me da igual y, además, me siento triste, como Rufián ¡Quien me iba a decir que algún día me parecería sensato, acertado y hasta plausible en sus intervenciones parlamentarias! El Congreso de los “disputados”, ese antro en donde se han perdido las formas y con ellas la razón y el oremus. Ese lugar donde nadie sabe hacer ya su trabajo, ni decir lo que hay que decir en cada momento. Sí, hay demasiados miedos a perder. Por un lado y por el otro.
Por eso Rufián, de parecerme lo peor, de ser aquel azote “independe catalán” incómodo y republicano contumaz, el “charnego”, con tanta sangre andaluza como yo (o sea por los cuatro costados), es el único al que oyes en el hemiciclo y te dices: ¡hombre, menos mal que alguien lo dice! Ay, querido, si es que por mucho que hayas nacido en Santa Coloma de Gramanet, la sangre tira y entonces aflora la resiliencia y la sabiduría de Andalucía. ¡Rufián, que somos de dónde venimos y tú eres de las duras tierras alpujarreñas granadinas y de la fronteriza Bobadilla jiennense, ese territorio marcado históricamente por ser frontera entre cristianos y nazaríes! Y eso no es cualquier cosa.
Una genética, querido Rufián, de la que nunca debiste renegar porque es lo que te hace ser, al final, lo que eres. Y ahora lo mismo te vemos abanderando - para lo que ya incluso te postulas - una política muy alejada de aquellos desprecios a otras tierras de España y, sobre todo, a la andaluza, a la que nunca debiste azotar, alimentando estereotipos alejados de la realidad actual. Andalucía es mucho más y lo más. Y lo sabes.
Estoy triste sí, porque el gobierno es de traca y lo estoy, también, porque la oposición es inoperante. Aunque uno pierda o, aunque uno no gane, a veces hay que actuar. Si solo actúas cuando sabes que tienes garantizada la victoria, perderás oportunidades, aprendizajes necesarios y dejarás de dar ese ejemplo tan necesario. No solo está el ser, sino también el deber ser. No actuar es también de cobardes. Por eso a veces hay que actuar, sea cual sea el precio. Perder lo que uno tiene (oído Sánchez), o no ganar lo que uno anhela (oído Feijóo) Por dignidad, por principios y por muchas cosas más que no son solo mantenerse o ganar.
En fin, que como diría Macaco “… sube el nivel del mal, sube y es tan culpable el que lo crea como aquel que le dé igual”.
Sobre este blog
Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada.
Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta.
¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.
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