CHATGPT, SOS. Si te engañas, te engaña
La inteligencia artificial se ha convertido en nuestra sombra y el consultor para todo. Le preguntamos a ChatGPT por la ruta más rápida para llegar al sitio, o por la receta menos calórica de torrijas. El problema es que ahora, también, le consultamos si dejamos o no a la pareja.
Ya advertimos algunos de lo pernicioso del uso indiscriminado de los móviles por los niños. Algún día empezaremos a recoger también los platos rotos de una inteligencia que, no siendo nuestra, domina cada vez más nuestras decisiones.
Puedo reconocer las bondades de la inteligencia artificial para muchas cuestiones. Lo que no puedo admitir es que dirija y suplante las decisiones humanas. No existe inteligencia artificial capaz de decidir por nosotros, por la sencilla razón de que somos la consecuencia de una vida cargada de vivencias con matices imposibles de prever por ninguna base de datos.
Lo que veo y escucho en el despacho es cada vez más preocupante. El otro día una señora traía una sentencia, dictada solo dos días antes, diciendo que no estaba de acuerdo con ella porque había sido “engañada” por su abogado y obligada por el tribunal a firmar un acuerdo que no deseaba. Al poco rato advertí varias cosas.
La primera, que la señora tenía un discurso dirigido en el que faltaban muchos datos que ella se resistía a reconocer y, la segunda, que mientras ella me explicaba a mi lo que había que hacer (traía incluso un escrito ya redactado) miraba continuamente su móvil. En realidad, era el ChatGPT quien hablaba por su boca.
Conseguí arrancarle los datos realmente importantes sobre su historia, datos que ella desdeñaba y consideraba ineficaces y con ellos llegué a una conclusión jurídica bien distinta a la suya (y la de su ChatGPT). Su autoengaño sobre la realidad de lo sucedido era evidente, así que la respuesta del ChatGPT era completamente errónea.
La inteligencia artificial te contesta sobre la base de los datos que tú le ofreces y si esos datos son incompletos, o no son correctos, la respuesta tampoco lo es. Por no citar que ChatGPT nunca da la misma respuesta. Sus respuestas dependen incluso de cómo se formule la pregunta. No digamos si se omiten datos relevantes.
Ninguna inteligencia artificial podrá jamás sustituir el consejo humano fruto del conocimiento científico y de la experiencia profesional. El humanismo tiene eso. Esa enorme bendición. Nunca un médico o un abogado podrá ser sustituido por una inteligencia no humana. Podrá haber tratamientos adaptados al ADN del paciente, o bases de datos con miles de sentencias, pero lo que el paciente o el cliente necesita, cómo y cuándo hacerlo, solo podrá determinarlo el profesional con la necesaria formación científica y la experiencia profesional que le permiten interpretar los datos que sabe debe pedir.
La señora se marchó airada porque lo que le dije no le gustó. No era lo que ella quería oír, ni coincidía con el dictado de su ChatGPT. Me quedé perpleja y hasta preocupada por aquella señora y su más que previsible aciago futuro si continúa escuchando al ChatGPT “engañado” por ella misma. También me sentí feliz y reconciliada con lo que hago.
Supe que jamás la inteligencia artificial podrá sustituir la experiencia humana, la interpretación, los valores, la intuición y el conocimiento jurídico aplicado a cada caso concreto. Lo dice la propia palabra. Artificial.
Los humanos somos carne y huesos, sangre, alma, corazón y sentimientos y la experiencia derivada de una sucesión de acciones y omisiones que nos hacen ser únicos y diferentes. ChatGPT … SOS.
Sobre este blog
Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada.
Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta.
¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.
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