Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Endogamia y Tinder

Frame de 'Adivina quién viene esta noche'.

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Francia ya no es blanca. Lo comprobé in situ hace unas semanas. Y lo digo desde la admiración que me producen los pueblos poco endogámicos, que no solo no rechazan la diversidad y la multiculturalidad, sino que hacen de su interracialidad una bandera patriótica. El refresco de la sangre.

Que la endogamia conduce a una disminución de las aptitudes de los que la practican no lo digo yo, sino la genética. Y por eso los pueblos, o los grupos sociales, que sólo quieren contacto con los “suyos”, terminan cada vez más imperfectos. Los comportamientos endogámicos no proclives a la apertura, que rechazan la admisión de miembros ajenos, derivan en “depresión endogámica”. 

La Córdoba de siempre fue y es muy endogámica. Apellidos que entroncan y se repiten una y otra vez, y la siguiente y la de más allá. No es de extrañar, pues, ciertos comportamientos. Así que cuando ahora tenemos hijos que traen sangre nueva, esa contribución regenerativa a la genética cordobesa debiera premiársele. El título de ciudad intercultural es eso, un título. Que coexistieron otrora las tres culturas es cierto, que quedó un legado extraordinario también, pero que se mezclaran poco es una realidad. ¿Seguimos así?

Pues resulta que sin embargo ahí fuera las relaciones han cambiado. Principian, se desarrollan y terminan de forma que nada tiene que ver con antaño ni con la endogamia. Miren sino los datos de Tinder. Hay hasta palabras nuevas que cuesta digerir, aunque en el fondo hablan de cosas que siempre pasaron.

A saber, ahora parece que muchas parejas hacen “pocketing”. Vamos lo que siempre fue no querer presentar en tu familia al novio que te has echado, poniendo para ello excusas banales (al novio y a la familia). Recuerdo que en la época más dura de la transición, cuando ETA hacia de la suyas, tuve un noviete vasco, estudiante de veterinaria, que ya por entonces hablaba euskera y tenía en su piso de estudiante una Ikurriña. ¿Que si ponía excusas para mantenerlo “guardado en el bolsillo”? Todas. 

El “ghosting” es otra. O sea, que el ligue de turno haga de repente mutis por el foro. Si te he visto, no me acuerdo. !Que tire la primera piedra el que no haya hecho un “ghosting” en su vida! Eso sí, es verdad que esta fórmula censurable de terminar la relación es mucho más frecuente ahora con relaciones sostenidas en aplicaciones, redes etc. Le das al botón de apagado y adiós. 

En fin, que entre los más carcas métodos de emparejamiento endogámico que aún proliferan en esta ciudad en ámbitos sociales concretos y los nuevos tan excesivamente virtuales, tal vez debiéramos abogar por algo más abierto y cosmopolita, menos virtual y más sincero. Mientras tanto les doy una noticia: ha nacido una app de citas para gente de derechas, The Right Stuff. ¡Que tiemble Tinder!

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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