La dignidad del actor de reparto

Tito Vilanova ha dejado el banquillo del Barcelona tras una recaída en su enfermedad y ha pedido respeto a su privacidad. Me ha hecho darme cuenta de que hasta hace pocos años casi nadie reparaba en este técnico que llegó a jugar en Primera División, coincidiendo con Rafa Berges en el Celta de Vigo. No trascendió demasiado como jugador. Tampoco como técnico, a la sombra muy alargada y rala de Pep Guardiola. Sin embargo, la extraordinaria racha de éxitos del Barça en esa época y la primera noticia sobre su tumor lo dieron a conocer. Esa primera reaparición sirvió de acicate a  un Barcelona que empezaba a necesitar estímulos para mantener el hambre. Tampoco cabe olvidar el dedo de Mourinho que lo convirtió en víctima (y coautor a tenor de su respuesta y sanción) del más cainita episodio de clásicos de la historia del fútbol español.

Tito, Pito. El chiste de Mou acabó de darle marchamo de dignidad a este profesional de trabajo sordo. El verbo de la inercia del éxito culé se hizo carne en Tito Vilanova, de quien se insinuó ser la verdadera arcilla de la obra de artesanía que Pep había desarrollado. Por algo había entrenado en juveniles a Piqué, Messi y Cesc juntos. Tito fue el icono de la ilusión de que todo lo hermoso puede tener continuidad con sólo desearlo. Inauguró la moda de los segundos que pueden ser primeros. El actor de reparto que protagoniza una gran producción. Fue bonito mientras duró, y a pesar de los meses de ausencia tras su recaída, puede alegar una liga de cien puntos en su haber. Pero su marcha vuelve a dejar un hueco con forma de Guardiola. Y ya no queda casi inercia. Dejando a un lado los problemas que plantea el futuro inmediato culé, Tito pretende volver al anonimato para afrontar su problema. Pero esta sociedad elige sus personajes. Y nada une más en estos tiempos que la desgracia del prójimo. En un país de envidias y listos, la enfermedad ajena, o los fallecimientos, aúnan los mejores comentarios de quien, incluso, hubiera vertido horas antes su peor bilis con dicha persona. Será porque la enfermedad, o la muerte, como su consecuencia en ocasiones, es lo que más miedo provoca. El único solitario al que no podemos hacernos trampas. La única cuestión que nos acerca al deseo de bien del vecino sin envidiarlo íntimamente.

Estos días se multiplican los mensajes de apoyo a Tito. Un personaje al que todos colocamos en un foco que le pilló desprevenido. Ha servido para que todos construyan un personaje a la medida de sus impresiones y gustos futbolísticos. Ahora, el verdadero Tito Vilanova, el que nadie conoce, el que no sustituye a nadie, el que no tiene la obligación de demostrar nada, el que no tiene la forma de nadie, ha decidido salirse del foco y volver a su vida. Precisamente para intentar salir adelante con ella.

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22 de julio de 2013 - 08:00 h
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