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Sobre este blog

Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

Las camisas negras están de vuelta en Italia

Giorgia Meloni y Steve Bannon (con camisa negra).

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En 1919, Benito Mussolini plantaría la semilla del Partido Nacional Fascista creando los “Fasci di Combattimento”, un grupo paramilitar que posteriormente sería conocido como “camisas negras” en alusión al color de su uniforme. En ellos estaría el germen del partido que fundaría en 1921 y que accedió al poder un año después. Decir que los camisas negras están de vuelta a Italia no se debe ver como una locura.

Varias décadas más tarde, en 1992 una joven Georgia Meloni empezaba a posicionarse en la organización juvenil del Movimiento Social Italiano, un movimiento fundado por el ex oficial del Gobierno fascista Giorgio Almirante en 1946 junto con Pio Romualdi y Augusto De Marsanich, pocos podrían pensar hasta donde esta joven podría llegar.

Aunque sus verdaderos ideales serían expuestos públicamente en 1996 cuando Georgia, responsable del movimiento estudiantil del partido Alianza Nacional, declaró en el programa de France 3 “Mussolini fue un buen político”. Meloni nunca ha ocultado su admiración por Mussolini, a pesar de renegar recientemente del fascismo en algunas declaraciones.

Que los camisas negras vuelvan a Italia no debe sorprender tampoco. Los camisas negras fueron los encargados de sembrar el terror contra sindicatos, huelguistas y toto intelectual vinculado a la izquierda que se posicionara en contra del fascismo.

Hoy los camisas negras han cambiado la vieja camisa por la chaqueta nueva, como así planteó en 1982 Rafael Gil en su película “De camisa vieja a chaqueta nueva”, donde los franquistas se convertían en “demócratas”.

Por muy higienizada que esté la imagen de estos camisas negras, su modus operandi sigue siendo el mismo, por eso hoy como ayer, el fascismo vuelve a tener en su punto de mira a diferentes grupos y colectivos como los inmigrantes, sobre los que proyectan el discurso de la supuesta invasión y el miedo, el colectivo lgtbi y abortistas, además de defender de forma acérrima la familia natural en contra de cualquier otro tipo de familias, el cierre de fronteras y la cruzada cristiana contra la supuesta violación de los valores tradicionales de Occidente.

Algo que ya pasó en Grecia con la aparición de Amanecer Dorado, donde en su primera rueda de prensa tras conocer los resultados electorales, los guardaespaldas de Mijaloliakos, obligaron a ponerse en pie a los periodistas, y donde el propio Mijaloliakos llegó a decir “Ha llegado la hora del miedo para los traidores a la patria”.

Además de Meloni, tanto Salvini como Berlusconi han mostrado sus simpatías por el régimen fascista, donde el rey del 'bunga-bunga', declaró en su día en una entrevista a The Washington Post, que “Mussolini hizo cosas positivas durante un cierto período”.

Por mucho que se empeñe ahora Draghi en blanquear su imagen en Europa buscando calmar a la UE, Meloni y sus “socios” han sido y son fieles valedores del régimen fascista.

En las últimas semanas Meloni suavizó su discurso en Italia, pero en el mitin de Marbella se vio a la auténtica Georgia. Su elección ha sido recibida con un salvavidas por la extrema derecha española, después de tenerla en dicho mitin, donde se quitó el corsé que ha tenido puesto en los últimos meses en Italia y donde expresó abiertamente sus ideas, manifestando que “Sí a la familia natural, no a los lobbies LGBT; sí a la identidad sexual, no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista; sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva; sí al trabajo de nuestros ciudadanos, no a las grandes finanzas internacionales; sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas; y sí a nuestra civilización, y no a quienes quieren destruirla”.

Hace una década la extrema derecha empezó a marcar su hoja de ruta y su agenda global. En ella, estuvo inmersa Italia desde el primer momento, donde esta se sustentaba sobre 5 pilares como son un patriotismo excluyente, el populismo, el autoritarismo, el nativismo y el etnocentrismo.

Está claro que el auge de la extrema derecha en Europa es ya un hecho, y que está intrínsecamente relacionado entre otros motivos con los cambios que se han producido en la comunicación en la última década, donde el marketing digital ha ayudado a desplazar a los medios de comunicación clásicos, y donde dichas técnicas han hecho tambalearse los cimientos de las democracias europeas. Esto ha ayudado a que los herederos del fascismo vuelvan al poder 100 años después de su constitución, aunque tal vez, nunca se fueran del todo.

Uno de sus grandes caballos de batalla ha sido y es la inmigración, donde para llegar a la gente han utilizado un discurso camaleónico, adaptable en función de la tipología de la población inmigrante. En el caso específico de Italia, por ejemplo, dirigido contra la población romaní, como se pudo ver en el video grabado y difundido por el político italiano Alessio Di Giulio con una mujer gitana donde decía “Vota Liga para no volver a verla nunca más”.

Donde la violencia dialéctica que utilizan contra estos grupos al más puro estilo “camisa negra”, es la antesala y el preludio de la violencia física de quienes tienen derecho de pernada y se creen legitimados a imprimir miedo a quienes no reúnen los cánones identitarios acordes a la sociedad europea.

Aquí como en el resto de procesos ultraderechistas europeos, también aparece Steve Bannon, que por supuesto, estuvo detrás del crecimiento de Abascal y Orban, dos de los grandes apoyos de Meloni. Por eso no es casualidad que Fratelli d'Italia este incardinado en el ECR Group junto con Ley y Justicia de Polonia, Vox, Demócratas de Suecia, Solución Griega, Nueva Alianza Flamenca o Forum por la Democracia de Holanda, donde Meloni es la Presidenta y Jorge Buxadé vicepresidente.

Durante los días previos y posteriores a las elecciones, los medios de comunicación han utilizado eufemismos buscando blanquear y edulcorar lo que es Meloni y lo que representa su coalición, que no es otra cosa que al fascismo más radical y fanático. Entre los diferentes titulares se han podido leer “bloque de centro-derecha, ”derecha dura“ o ”centro derecha“.

Por su parte, la supuesta derecha moderada buscando parar la sangría de votos, cada vez abraza más las teorías extremistas, donde cada vez quedan más lejos el centro y la moderación, aportando con ello, su granito de arena a la polarización y violencia social a través de excesos verbales y discursos incendiarios. Donde defienden la mano dura, la restricción de libertades, la xenofobia y la persecución del que no piensa igual. Creando con ello, un discurso insolidario con el más débil, donde cada vez proliferan más los muros invisibles en las ciudades.

La primera ministra francesa, Elisabeth Borne dijo hace unos días en una entrevista en la televisión BFM y la radio RMC “En Europa tenemos unos valores determinados y, obviamente, estaremos vigilando”. “Evidentemente estaremos atentos y con la presidenta de la Comisión Europea para que esos valores sobre los derechos humanos, sobre el respeto de unos y otros, en particular el respeto al derecho del aborto, sean respetados por todos”.

Habrá que ver si Europa se pone seria y obliga a respetar los derechos de las personas que el fascismo quiere vulnerar, o por el contrario, compran las prebendas que lleve el emisario Draghi de parte de ama.

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Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

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