En la noche de Capuchinos

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La hermandad de la Paz celebra el Vía Crucis con la imagen del Señor de la Humildad y Paciencia por las calles de la feligresía | El cortejo, que vence a la incertidumbre de la lluvia, visita la parroquia de San Miguel

Buen tiempo hace ya que la noche está presente. Por momentos se torna cerrada. Las nubes apenas dejan observar la luna. Al menos no de manera nítida. Corre una ligera brisa que en ocasiones resulta poco agradable. Tono rojizo del cielo y miradas que se pierden en su infinito. La incertidumbre aparece, pero no con rotundidad. Existe pleno convencimiento de que el incienso tomará la plaza. Apenas una tenue luz impide que la oscuridad sea total. Ofrece mayor intensidad a cada instante. Los faroles iluminan al siempre presente Cristo de los Desagravios y Misericordia. Por el contrario, la claridad es total en el atrio de la iglesia conventual del Santo Ángel. Todavía aguardan quienes desde minutos antes de las ocho y media esperan entre los muros de Capuchinos. Las blancas paredes de Capuchinos.

Unos instantes después de la hora señalada la cruz parroquial cruza el arco exterior del templo. Poco a poco los hermanos comienzan a recorrer la plaza. Llovizna, pero no lo suficiente como para ahogar la convicción de la hermandad de la Paz. La comitiva avanza mientras en el atrio del Santo Ángel se adivina ya la figura del Señor de Juan Martínez Cerrillo. Gubias maestras. Voces en coro y música de capilla suenan antes del rezo de la primera Estación. Tiene su inicio el Vía Crucis de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, detenido unos metros más adelante ante la puerta de la iglesia hospital de San Jacinto. Mira a la Señora de Córdoba y llega el rezo de la segunda Estación. La llovizna ya no molesta, ya no genera incertidumbre. Es momento de certeza.

El incienso cobra fuerza y la luz es más fuerte, más intensa. Ilumina Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, ésa es una certeza. Como otra la victoria sobre las nubes. La imagen recorre las calles de su feligresía y del centro sobre unas sencillas parihuelas. En ellas alcanza la parroquia de San Miguel, que la corporación del Miércoles Santo desea visitar. Continúa con solemnidad el Vía Crucis del Señor, que inicia, de forma igualmente sencilla, con voces corales y música de capilla, el camino de regreso a Capuchinos. Un año después de que la lluvia lo impidiera, la imagen de Martínez Cerrillo regala a fieles y cofrades la belleza, delicada, de su rostro. El cielo calla.

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Publicado el
16 de marzo de 2016 - 00:15 h
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