Luz para el cielo

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El Sábado de Pasión termina con triunfo sobre la lluvia, que no impide que Cañero, Electromecánicas y Figueroa vivieran una jornada inolvidable

Un joven mira al cielo. La señora mayor que está a su lado también lo hace. Resulta inevitable. Las previsiones meteorológicas son las que son. Si bien es escaso, existe riesgo de lluvia. Es normal la incertidumbre. Aunque la mañana avanza, hasta primera hora de la tarde, sin que el agua haga acto de presencia. El cielo, de vez en cuando, toma una tonalidad más oscura. Pero se muestra respetuoso. El deseo de los cofrades cordobeses es que así se mantenga a lo largo de la Semana Santa, para cuyo inicio restan una vez superada la víspera unas cuantas horas. El Domingo de Ramos está aquí y todos quieren ver ese sol que luce en el imaginario colectivo cuando piensa en ese día. Sin embargo, el incienso y la devoción llenaron Córdoba en un Sábado de Pasión memorable.

Ni siquiera la inesperada lluvia, por la manera en la que llegó y no porque no hubiera opción de que en algún momento apareciera, deslució una jornada inolvidable. Para el recuerdo quedará, sobre todo, en Cañero, Electromecánicas y Figueroa. Porque los tres barrios vivieron este sábado una de sus jornadas más especiales. La víspera del Domingo de Ramos comenzó sin embargo en El Naranjo, desde el que partió el Cristo de la Agonía rumbo a la Mezquita-Catedral. La hermandad radicada en la parroquia de Santa Victoria realizó un año más en esta fecha el traslado de su titular al primer templo de la Diócesis, desde el cual iniciará su recorrido por Córdoba el Martes Santo. El trayecto hasta el corazón de la ciudad transcurrió con absoluta normalidad, hasta que el cielo decidió dar un ligero susto. Por fortuna, el agua hizo acto de presencia cuando la comitiva se hallaba en Tendillas. La imagen alcanzó la Mezquita-Catedral sin problemas, cubierta con un plástico y con el avance del cortejo a mayor ritmo.

La lluvia sorprendió también a la comitiva de la hermandad de las Lágrimas, que este Sábado de Pasión cumplió el sueño de realizar su primera estación penitencial. Lo hizo con la talla de María Santísima de las Penas. El cielo mostraba un azul claro a las cinco de la tarde, cuando comenzó el recorrido de la corporación por las calles de Figueroa. Sin embargo, poco más de una hora después fue cuando el cielo decidió tomar parte en la jornada. El paso quedó refugiado en la iglesia de Santa Rafaela María, que visitó la cofradía. Tras el tiempo de espera, pudo regresar con normalidad a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, de forma que finalmente el tiempo cayó derrotado.

Como también cedió en El Higuerón y Electromecánicas, aunque las corporaciones de estos barrios hubieran de aguardar más de una hora para poder iniciar su estación penitencial. Sea como fuere, el Cristo de la Sangre recorrió el primero de los puntos de la periferia cordobesa y también lo hizo en el segundo el Santísimo Cristo de la Oración y Caridad. Era ésta la primera salida procesional de la imagen, que bendijera el Obispo de la Diócesis, Demetrio Fernández, apenas unas semanas atrás. El Señor de la dulce mirada de conversión pudo transitar ante los vecinos de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Era una tarde especial y lo fue bajo un manto gris que ya no amenazó en toda la noche. Eran las siete de la tarde.

Preocupación no tuvieron la cofradía de la Sagrada Cena, que recorrió el barrio de Poniente en Vía Crucis con la imagen del Cristo de la Luz, y la pro hermandad del Traslado al Sepulcro. Ambas tenían prevista la salida para horas más tardías, en las que la noche ya habría caído. Y ésta fue cerrada. No había riesgo de lluvia y Nuestra Señora de Salud y Traspaso, titular de la segunda de las corporaciones. Solemnidad y recogimiento al paso de la Virgen por la Colonia de la Paz y también por las Margaritas, cuya parroquia visitó el cortejo. Era el maravilloso contrapunto a lo que iba a suceder después en otro punto muy lejano de la ciudad. Centenares, quizá algún millar, aguardaba desde muchos minutos antes en la plaza de Cañero, donde un barrio estaba a punto de desbordar su devoción.

Del silencio a la bulla. Bulla de sensaciones también a las puertas de San Vicente Ferrer y por las calles de Cañero y de Fidiana que recorrió por vez primera Nuestro Padre Jesús de los Afligidos. La imagen, que fuera bendecida a comienzos de marzo, caminó acompañado de numerosos cofrades, no sólo de su barrio, sino de toda la ciudad. Fue un acontecimiento memorable, un acto de fe y sentimiento. Como el que tuvo lugar desde El Naranjo a El Higuerón, pasando por Figueroa, Electromecánicas, Colonia de la Paz y Poniente. Fue, la primera salida procesional del titular de la hermandad -ya penitencial de pleno derecho- de la Presentación al Pueblo y el resto de estaciones, una luz para el cielo. Lo difícil fue cuando ésta se apagó en la calle. Aunque perdurará gracias al recuerdo.

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20 de marzo de 2016 - 01:36 h
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