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Veinte años de las tertulias Café con letras

Revista café con letras

Blogópolis Opinión

14 de junio de 2026 19:56 h

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Cuando hace justo veinte años, a finales de mayo de 2006, nos reuníamos en Córdoba un grupo de personas a comentar la novela Demian de Herman Hesse, en el café Español, no podríamos predecir que aquella conversación inicial se prolongaría hasta hace solo unos días, esta vez en línea, cuando comentábamos otra novela: Volver a casa de Yaa Gyasi. Entre ambas, cientos de libros y de encuentros al amparo de unas lecturas que han sido foco de aprendizaje y de amistad. 

Hace veinte años, Paco, Ángel, Rosauro y Carlos fundamos la tertulia literaria Café con letras, fantaseando con que el proyecto transcendería al tiempo y al espacio, más como un anhelo colectivo que con una hoja de ruta clara. Había algo de sueño desmedido y cierto exceso de compromiso para unos muchachos que en la veintena creían en el poder transformador de la literatura. Sentíamos que aquello que estábamos creando solo podría durar si era a golpe (tras golpe) de novela, poesía o teatro. En la línea de salida, quedó el número cero de la revista literaria del mismo nombre y que pasó inadvertida por la atmósfera cultural de Córdoba, pero que quizá no tuviera otro fin que el servir de armazón para lo que vendría después. 

Y por el camino también quedaron los bares y tabernas que nos vieron discutir con vehemencia hasta que El astronauta y la cálida amabilidad de Pablo nos acogieron para convertirse en nuestro hogar durante muchísimos años. Actualmente, el devenir de los tertulianos nos ha obligado a sacar provecho de las nuevas tecnologías, para que nuestras voces se escuchen desde Europa, América o África, pero siempre habitando el cálido ambiente que da la literatura compartida. Y si bien los puntos geográficos han ido variando, desde primera hora fue la diversidad lo que definió a unos lectores que surgían de la historia, la medicina, el periodismo, la ingeniería, la enseñanza, la administración, o el tejido asociativo cordobés. Como se puede comprobar, gente sin formación académica y específica en literatura, pero que por eso mismo ha sabido leer y comentar sin complejos, con una naturalidad y una frescura que todavía es la esencia de nuestros encuentros. Eso junto con la curiosidad y las ganas incombustibles de seguir aprendiendo. ¿Pero qué nos hemos enseñado unos a otros y qué nos han enseñados los libros?

Durante estas dos décadas de Café con letras hemos leído a los clásicos (Dostoivesky, Beckett, o Woolf), a contemporáneos de casi todos los continentes (Mo-yan, Wajdi Mouawad, o Mary Karr) o a integrantes del panteón patrio (Gamoneda, Valle-Inclán o Alfonso Sastre). Hemos recorrido selvas desconocidas, habitado ciudades imaginadas, mares embravecidos y desiertos descarnados. Y hemos aprendido, por ejemplo, que el poder, cualquiera que sea su origen, corrompe y embrutece, que los actos de sometimiento y humillación impactan a todos por igual, o que las personas no son materia de comercio. También que podemos reconocernos a nosotros mismos en otros horizontes, en la diversidad de culturas y pueblos visitados mediante la imaginación. Y que ciertos valores pueden hacer mejor a cualquier sociedad. Porque, sobre todo, la tertulia nos ha permitido ver una misma realidad desde las distintas perspectivas de sus miembros y nos ha descubierto visiones que hubieran pasado inadvertidas sin este tremendo ejercicio de empatía que es escuchar al otro y hacer el esfuerzo de comprenderlo. Y es precisamente a eso a lo que nos hemos dedicado Paco, Ángel, Rosauro, Carlos, Vero, Tani, Giuseppe, las Elenas, Pura, Yolanda, Eva, Raquel, Miguel, Luca, Luciano, Ángela, Cecilia o Itziar… y todos aquellos (¡han sido tantos!) que alguna vez han pasado por estos encuentros, donde nos orgullece decir que siempre hemos tenido abiertas las puertas para todo el que ha querido asomarse. 

Gracias a Café con letras por iluminar ese trayecto en el que además, y como daño colateral, no hemos tenido más remedio que hacernos amigos. Y gracias por demostrar que en Córdoba sigue siendo venero de proyectos culturales humildes, pero sólidos y de largo aliento. Que la vida nos regale otros veinte años de tanta dicha entre amigos, quizá todavía algo locos e inconscientes, pero felices de saber que en ese espacio literario hay un refugio del mundo.

Ángel Remis, Elena Cobos y Rosauro Varo, miembros de las tertulias “Café con letras”

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