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Bicicletas Blancas

Concentración del colectivo Bicicletas Blancas

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Con la bicicleta blanca colocada el pasado día 12 de noviembre en la rotonda del polígono Amargacena, cerramos este ciclo en el que hemos podido, con la colaboración imprescindible del equipo técnico y humano del Imdeco, ubicar en cada una de las salidas habituales de la ciudad ese memorial permanente que recuerde a conductores y ciclistas que la vida es frágil y que se necesita del respeto entre ambos colectivos para poder seguir conviviendo en el asfalto. Es pues el momento de dar las gracias y hacer algunas reflexiones, para que no sea solamente que se vea la bicicleta blanca, sino que también se sepa lo que hay detrás. 

Esencialmente, detrás de todo lo que hay es un sueño, en el que, desde 2011 en que me atropellaron por saltarse un coche un stop en El Carpio, intento que el recuerdo de ese instante nunca se me olvide al salir cada día que lo hago, sin miedo, pero con más consciencia. Porque desde entonces soy más conocedor de mi fragilidad como ciclista. A cada año que ha ido pasando desde entonces he visto como, no solo aumenta la vulnerabilidad del colectivo, sino que además va en paralelo con un crecimiento exponencial de las infracciones y muertes de ciclistas debidas, sobre todo, a distracciones al volante de un vehículo que se convierte así en un arma letal. 

Practicar un deporte entraña riesgos, pero no es asumible que la práctica del ciclismo no competitivo, acumule en los últimos cuatro años más de 200 muertos en las cunetas de nuestro país. En nuestra comunidad 34, en nuestra provincia seis, cifras que mueven el alma de todos cuando salen en los medios de comunicación, pero que una vez escuchado se diluyen entre los miles de mensajes negativos que escuchamos. Pero tras cada vida perdida hay un drama, en ocasiones inenarrable. 

Por eso en el colectivo bicicletas blancas soñamos, en que, si cada vez que se sale a la carretera, hay un flash, un impacto visual, que recuerde al que ve la bicicleta blanca, sea conductor o deportista, que hay ciclistas en la ruta, y eso permite una alerta adicional a las docenas de chirimbolos de los que dispone el vehículo, pues mejor. Que esa visión a los ciclistas nos rememore que hay tener cuidado con nuestras acciones, porque si cometemos errores los pagaremos muy caro, pero también recordar a los que comparten la vía con nosotros que, si cometen un error, el que lo va a pagar muy caro siempre es el ciclista y no el infractor. 

Y si esa conjunción de atenciones permite un punto de atención y cortesía adicional, estamos seguros que nuestro esfuerzo habrá merecido la pena. Habrá merecido la pena que Antonio Álvarez, a sus 84 años, que sigue montando cada fin de semana, se haya encargado de armar las bicicletas con los restos que José Castro le ha ido proporcionando, que Emilio Morcillo haya recuperado a sus 76 años la pistola de pintar y haya dejado un trabajo inmaculado en seis puntos de Córdoba. Que el resto; Antonio Lozano, Pedro Rodríguez, José Romero y yo mismo, hayamos aportado cada cual en la medida de sus posibilidades un granito para armar, pintar, colocar, subir los textos, informar a los medios, comprar las flores, colocarlas… y un amplio catálogo de actividades que nos han servido para haber visto al final, a nuestros compañeros de fatigas compartir también esos minutos de silencio que empezamos en el 2013 en la carretera de Villarrubia, y que han culminado hoy tras haber pasado por la glorieta de La Louviere, la carretera de Trassierra, la carretera de Granada, la antigua carretera de Badajoz, el Brillante, y la de Valchillón. 

Y lamentamos de paso la ausencia de tantos y tantos que siguen pensando que esto no va con ellos, que son invulnerables, o que lo hecho: “no sirve para nada”. Hemos tenido minutos de silencio para quienes nos dejaron, silencio estruendoso para volver a pedir respeto, porque no somos ni locos, ni emuladores de grandes gestas, ni viejos que no se resignan a morir arrinconados en un sofá, somos solo ciclistas que pedaleamos para vivir y vivir mejor. Porque los que salimos con las bicicletas tenemos; padres, madres, esposas, esposos, hijos, hijas, hermanos, hermanas, que nos quieren ver de vuelta después de cada salida al amanecer.  

Por ello seguiremos soñando, pero vigilantes, para que el respeto se extienda entre los que circulamos por las carreteras. Gracias a todos los que lo han hecho posible. Nos seguiremos viendo montados en nuestras bicis mientras el cuerpo aguante.

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