Vidas Paralelas

Felipe VI y Kiko Primero y Único cumplen 50 años. El primero es el jefe del estado, el segundo es el sheriff del barrio.

Lo uno está bien-o no-, lo otro: mejor.

Felipe creció en un palacio de Madrid, Kiko –que es mi hermano, por cierto, aunque esto puede dar igual- creció en un piso pequeño del Parque Cruz Conde.

Felipe se educó en colegios estupendos del norte de Madrid, mi hermano en el Al-Andalus, arriba de la avenida de Los Dolores.

Mi hermano tardó en graduarse, Felipe no.

Felipe sabe varios idiomas; mi hermano sabe los rincones de uno solo.

Mi hermano hizo la mili en Madrid, en una enfermería, y vio un cadáver y Felipe no ha visto ninguno, pero pilota helicópteros y puede estar en el puente de mando de una fragata. Mi hermano no; él solo entiende de Renault 8, Ford Fiesta y motos tuneadas.

Mi hermano tampoco ha visto el cadáver de su padre. Es su decisión. Es respetable.

Es curioso: el cadáver del padre de Felipe sigue vivo mientras que el padre de Kiko está muerto y bien muerto.

Cuesta escribir esto pero hay que hacerlo.

Felipe es una invención, un contrato social, una convención.

Kiko, mi hermano, es, resumiendo, mi hermano. Es real (ojo al llamarlo real en vez de Real).

Felipe, muy ocupado, no sabe quién es mi hermano; pero mi hermano sabe que el verdadero rey es Elvis.

Coincido con él. Cosas de hermanos.

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28 de enero de 2018 - 02:00 h