Veraneo en Castel Galdonfo

Bueno, me da un poco de corte, pero sí, nos vamos. ¿Quieres que lleve algo?

No, aquí hay de todo, no os preocupéis, sólo vení y pasalo bien, que somos familia, casi rebaño si sumamos...

¿Se llega fácil, no?

Sí, está indicado en cada rotonda, no hacé mucho caso a los coches negros si os parán; si os preguntá, decí que vení de mi parte.

Qué bien, estoy deseando llegar. Y los chicos también. Y tu hermana. Ha sido un año duro, nos viene bien una vacación tranquila, en familia, ya tú sabes...

Tú también te mereces un descanso. No dejas de pensar, de decir cosas; pero te hace falta una paradinha, coger un libro, mirar al cielo... Como a todos.

Te vimos por la tele en eso de Brasil, al final parecías cansado, pero apenas se te notaba.

Lo pasaremos bien junto al lago. Tus sobrinos ya están echando de menos los helados esos artesanos que venden en la plaza del pueblo, a las puertas mismas de la casa.

Es posible que coincidamos con el nono Benedicto y nos de la risa al ver cómo pide yogures con acento alemán y, tal vez, vuelva a contar aquellas batallitas de cuando era un joven uniformado detrás de una ametralladora entre sacos terreros y que al final no le disparó a nadie y tal. Volverá a decirlo lentamente con ese deje bávaro y con esos ojazos bovinos semientornados que a mi madre le recuerdan tanto a los de José Bódalo, el que salía en Estudio 1.

Serán unas vacaciones estupendas, Francisco, cuñao, ahí en la finca; como las que pasábamos hace años en aquel edificio de apartamentos de Sofico, el que tenía un caballito de mar en la fachada, en Fuengirola, cuando yo podía y manejaba y cuando tú, aún estudiante, tan joven y tan dicharachero, te dejabas caer unos días y te acostabas en una de las colchonetas hinchables que reposaban en el suelo del salón, entre tus sobrinos y allegados, y les contabas aquellos cuentos antes de dormir...

Claro que sí. Os espero.

Veranear es una palabra estupenda, magnífica..., un verbo de Dios.

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4 de agosto de 2013 - 03:00 h