Titulitis

Los iletrados que van al bar que yo voy se echan las manos a la cabeza viendo Antena 3 con un medio de El Gallo en la mano.

Siento decir iletrados, pero ya lo he dicho.

Cuando salen a fumar a la calle donde yo estoy releyendo el periódico como coartada para no hablar van y me hablan. Curioso.

Y dicen cosas. Por ejemplo, sobre qué estudios o no tienen los próceres que nos representan.

Sin contar los que ellos tienen o no tienen tras cotizar en la ABB o en Cajasur o en un taller de coches. Sólo toman vino y ven la tele. Se lo han ganado, supongo.

Y no entienden que un obrero se haya bajado del andamio para ser alcalde de su pueblo o una señora sea alcaldesa dejando la carnicería a un lado por un tiempo.

La titulitis es una creación de nuestro tiempo, como invento es el autoempleo cuando alguien nos debería dar trabajo que para eso nos hemos formado. Así nos va. Las generaciones futuras nos maldecirán pero dará igual.

La titulitis es una enfermedad como la diabetes: nadie cree que la tiene hasta que alguien en el bar te dice que tal vez la padezcas y que deberías hacértelo mirar.

Pues será verdad.

Porque en los bares hay médicos, polítólogos, cuñados, entrenadores de fútbol, meteorólogos y un señor que recoge espárragos.

Y alcaldes.

Y alguien que te pone una caña, afortunadamente; porque si no estaríamos ya definitivamente jodidos.

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15 de abril de 2018 - 03:00 h
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