Reparaciones

Veo en las farolas del barrio cartelitos de gente que dice arreglar todo. Persianas, porteros automáticos, armarios, bisagras, pintar también, cambiar la solería, el parqué…

Dejan su teléfono en trozos de letrero recortable, todo un invento. Aunque también puedes hacerle una foto a la farola con tu Smartphone (sí, papá, tú que ponías tantas conferencias, ahora los teléfonos no tienen cable, hacen fotos y hasta te cuentan la previsión meteorológica, aunque se equivoquen, como todas las previsiones).

Son los que hacen chapuzas, los ñapas, los que saben. Le llaman también "economía sumergida", gran sintagma, los que cobran el paro o cualquier prestación y venden sus servicios sin factura. No tengo argumentos para discernir si eso es bueno o malo. La "economía sumergida" es un término que a veces demoniza la izquierda y que soporta e, incluso, fomenta la derecha. Buff, no sé; entiendo poco de política.

Sin esas transacciones sumergidas la gente asaltaría supermercados, supongo. No es fácil comprar un arma en España. Se puede, creo, hay que irse a un barrio de las afueras, buscar un bar, tomar una caña despacio… Hace falta ser elegante para comprar una magnum de segunda mano y que no sea un helado.

Pensaba en esto viendo los cartelitos de las farolas y pensaba en el concepto "reparación". Pensaba en las cosas rotas y en las que están a punto de romperse. Eché de menos anuncios que me aseguraran la reparación de un matrimonio cansado o que pudieran recomponer la relación de una madre con una hija adolescente o que pudiesen completar el puzle de la memoria de un exiliado.

Una vez llamé a un escayolista que abrió un agujero en el techo de la cocina para darle salida al tubo del calentador. Me pareció Miguel Ángel extrayendo una pietá de un bloque de mármol de Caracalla o un traumatólogo arreglando la rotura de menisco del delantero de mi equipo. Fascinante. Resolutivo.

El mundo funciona porque hay gente que repara cosas.

Etiquetas
Publicado el
1 de agosto de 2020 - 22:49 h
stats