Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Qatar 2022 (IV): Ombligo

Imagen que acompaña al post.

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El ombligo es una cicatriz que nos recuerda, más que todo, la separación. Es la marca en el centro del cuerpo que deja el corte y anudado final del cordón umbilical, que era la unión entre el feto y su placenta: su alimento, el sustento, su vida antes de la vida.

Ahora ya eso no hace falta porque has nacido. Ahora es una marca, un recuerdo. El cordón umbilical es también la manguera que une al astronauta con su nave espacial mientra flota en la inmensa placenta del Universo. También la que une al buzo desde las fosas abisales al barco que aún navega en superficie.

Es desopilante que voceros plañideros del llamado “periodismo deportivo” (con su derivada de ida y vuelta de cuñadismo de barra de bar) lamentasen la eliminación de España en el Mundial diciendo que había perdido, ni más ni menos, que con Japón y Marruecos. Con un ejemplo absoluto de desprecio a Marruecos y a Japón, como si España fuera el ombligo al que mirarse, una cicatriz.

Para qué recordarles que Japón es una potencia económica, tecnológica y social con una liga de fútbol que exporta peloteros e importa a otros (Iniesta, sin ir más lejos) para ir superándose día a día a cambio de yenes por euros...

Para qué decirles que Marruecos tiene una liga de fútbol cojonuda, que la mayoría de sus futbolistas juegan, además, en ligas europeas, que algunos han nacido en Madrid o en Marsella o en El Ejido. Que los niños y niñas marroquíes patean balones en los pedregales de las afueras de Chauen y que en sus zocos venden camisetas piratas de Neymar, Cristiano, Messi o Cantona (todavía)…

Para nada. Se miran el ombligo, la cicatriz, como si aún esto fuera la España de Felipe II ¿Se acuerdan de la Armada Invencible?

Efectivamente, han perdido el cordón umbilical con la realidad.

El mismo cordón que obvió Miguel Ángel cuando, en vez de pintar eso en la Capilla Sixtina, optó por acercar el dedo de Adán al de Dios.

Por eso estamos desatados.

Por eso hay tanto dedo acusador.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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