Gijón

Llueve como si no lo hubiera hecho nunca en Córdoba y eso está muy bien. Llueve en el Día de Andalucía y yo me acuerdo de Gijón.

Llevo unos veranos subiendo a Gijón para buscar la lluvia, ver a unos amigos, visitar una librería y tomarme algo: un vermut, una botella de sidra, un cachopo…

Ha muerto Enrique Castro, "Quini" y ha muerto también un niño.

El niño culé de Córdoba que tenía un álbum de cromos y una camiseta meyba del Barça –aquellas con rejilla en la zona de la axila, un prodigio-. La camiseta que vistieron Quini, Maradona y Urruti a principios de los años ochenta.

Cada uno mata a su Peter Pan como le parezca. Supongo que su sacrificio es saludable. Necesario incluso.

Ya soy definitivamente mayor. Pero conservo aún el cromo de Quini y la camiseta meyba.

Celebré el Día lluvioso de Andalucía acordándome de Gijón y eso tiene su gracia y, tal vez, su explicación: los andaluces podemos ser de Gijón y los asturianos de Conil de la Frontera.

Espero volver a Gijón el próximo verano, buscando la lluvia y el olor a césped mojado en sus parques. Puede que patee un balón o simplemente disfrute al atardecer de una marea viva desde la balaustrada de la playa de San Lorenzo.

Lo que está claro es que ya no seré un niño.

Seré un hombre. Y eso será lo mejor que pueda ser.

Posiblemente.

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4 de marzo de 2018 - 02:00 h
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