Emprendedor

Después de atravesar, discretamente y sin grandes alardes, distintas etapas educativas desde la infancia hasta los ventitantos años, el hombre o la mujer ya están preparados para acceder a eso que llamaban "mercado de trabajo. Voy a repetir: "mercado" y "trabajo".

Pero, ah no, vano afán. El "mercado de trabajo" hoy está de rebajas o, directamente, tendiendo al desierto.

Sin embrago, la socialdemocracia ha inventado un nuevo dogma: el emprendimiento o autoempleo.

Después de haber sido instalados en un sistema donde se estudiaba y se formaba para que alguien te empleara y te remunerara por ello, ahora nos dicen que nos empleemos a nosotros mismos y nos autorremuneremos (¿se escribe así?) o paguemos una línea de crédito a un banco o a una administración salvífica y muy buena. Qué cosas.

En eso estamos. Yo, al menos, ya estoy en ello. Voy a emprender.

Tengo varias líneas de negocio (algunos también le llaman "nichos" de negocio –lo cual es ciertamente inquietante-).

He pensado en montar un saladero de atún y comercializar la marca Mojama Ghandi. Obviamente, con ese nombre, el atún sería del Pacífico.

También, con mi amigo Rafa de socio, vamos a montar un restaurante-buffet de inspiración oriental que llamaremos Me Hin Chao, de menús abundantes y low-cost.

Y, en otra línea –o nicho- abordaremos el tema del fitness y la cosa

del wealthness abriendo un centro de educación física en el que, además de pilates y zumba, ofertaremos clases de esgrima y de toreo de salón –que se parecen pero no es exactamente lo mismo. Le llamaremos Gimnasio Sánchez Mejías.

¿Cómo empieza el autoempleo?

Con ideacas.

¿Cómo termina?

En fracaso.

Como la socialdemocracia, ese invento.

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Publicado el
8 de julio de 2018 - 01:15 h
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