Una conversación interrumpida

Parece un título de una novela de Muñoz Molina o incluso de Vargas Llosa si no hubiera estado ya en una catedral preguntándose por el pasado del Perú –ese país al que, creo, ahora le importa una mierda-.

"Una conversación interrumpida", dijo Felipe González para definir su duelo en el velorio de Pérez Rubalcaba. Es bonito. Cuando se va un amigo al otro lado dejas conversaciones sin terminar. A mí me ha pasado y puede que me pasará. Charlas sobre la última película de tal, el último disco de cuál, la última novela de quién, a quién se parece la primera chica que entra en el bar…

¿A qué se refiere González cuando habla de esa "conversación interrumpida" con Alfredo? ¿Al caso GAL? ¿a Filesa? ¿a la ETA?... Yo qué sé, se ha interrumpido el diálogo.

Rubalcaba era profe de Química, fundamental disciplina para conocer las alcantarillas del Estado, mejor que los licenciados en Derecho con másteres difusos para que nos pongamos en sus manos.

Confío antes en un químico que en un notario, porque el primero sabe y explica que Mendeleiev diseñó una tabla periódica de los elementos de los que estamos hechos y el segundo contará en el bar, con la corbata desanudada al salir del despacho, que Mendeleiev era un lateral derecho del Steaua de Bucarest.

Y se equivocará. Por falta de criterio.

Y la conversación se interrumpirá.

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12 de mayo de 2019 - 03:00 h
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