Peli y manta

Un buen libro, quizás unos relatos de Bolaño o de Vonnegut, o por qué no un clásico como 'Los Viajes de Gullivert' o el nunca cansino 'Momo'. La chimenea encendida y una taza con un delicioso café irlandés, una copa de whisky o un buen coñac (aunque siempre seré más de crema de orujo, ya lo siento). Otra opción: un batido de frutas naturales acompañado de un strudel casero o un brownie (no, no pienso mencionar los cupcakes porque ¿hola? ¡Son magdalenas!) y una conversación amena y cuqui, y, claro, con unas sonrisillas, porque eres consciente de cuán cuqui eres.

¿Planazos? Estoy convencida de que lo son para muchas personas a las que probablemente incluso amo. No voy a decir que no me agraden (el fuego me flipa) pero para mí un Señor plan no tiene un café caliente sino uno que se termina quedando del tiempo e incluso, si tardas un poco en colocarte bien la manta de cuatro euros de esa famosa tienda de "muebles" suecos, frío del todo y hasta malo. Pero siempre acompañado del eco de fondo de un maravilloso telefilme: un auténtico plan de peli y manta.

Adoro las películas de sobremesa. No sé si me gusta más que se repitan los actores de unas a otras (¡incluso en la misma tarde! Millones de gracias), que sepas cómo van a terminar las historias con apenas tres minutos de película (a veces sólo con el título), sus bandas sonoras (¡ay! ¡Que no pegan ni con cola!), las brutales traducciones de sus títulos originales (esto es otro tema aparte que ataña a todo tipo de géneros y que también me trae de cabeza) o reconocer a míticos personajes de series de los 90 como protagonistas de tales maravillas audiovisuales (no me cansaré de mencionar a la siempre mala Sahnnen Doherty, aunque también me chifla ver a Rebecca Donaldson dándolo todo 15 años después de 'Padres Forzosos', otra de las grandes traducciones de títulos de nuestra historia contemporánea).

Pérdidas y/o robos de hijos, viudos multimillonarios que reencuentran el amor en las nuevas niñeras, niñeras locas que tratan de asesinar a madres y a quién se les cruce por el camino (todo sea dicho, es una profesión muy denostada en los telefilmes) o los protagonizados por perturbados y perturbadas que resultan ser los hermanastros desconocidos de los protagonistas que aparentan ser los cabales (y, obvio, alguien acaba con un buen palazo en la nuca). También suelen triunfarme muchos los que tienen juicio final o los que acaban con chistes locos de cierre (jamás olvidaré el "cariño, he acabado con la niñera" después de pegarle un tiro en el estómago) o con la típica fiesta de cumpleaños de uno de esos niños sustraídos celebrada "un año después".

¡Oh! Y qué decir de los basados en hechos reales. Me pirran. Puede que esa gente incluso continúe en prisión mientras te deleitas ante su trágica y bizarra historia, y eso lo hace mágico. Porque mira, es que William McAllister claramente se merecía cadena perpetua tras comerse a los hijos de su vecino mientras escondía el colgante de su mujer suicida en el fondo del lago de la casa de campo que tenía la familia de su difunto padrastro en el estado Ohio (mi segundo preferido después de Iowa, qué divertidísimos de pronunciar).

Los de época me dan más igual. Sinceramente, las historias de nordrizas loquis con carros de caballos de por medio sólo me hacen pensar "¡maldita sea! ¿cuánto presupuesto tenían para este truño infernal?". A veces hasta lo comento conmigo misma en alto, qué debates.

Mitsai (marca nisu y ya nombre de la tele que me compré con una amiga) y yo nos hemos pegado horas de fines de semana disfrutando de todas estas historias hasta el punto de que gran parte de ellas las tenemos repes. Es igual. Así con más motivo uno puede "descansar la vista" y reaparecer en el momento en el que Elisabeth, una vez se ha deshecho de la loca que usurpó su identidad hasta dejarla sin blanca, se va de vacaciones con Robert diciendo adiós con la manita a esos familiares que les ayudaron más bien poco ante tal tinglado.

Y claro, esta obsesión terminó con la creación de una absurda sección el pasado verano en la radio (no me estoy autopromocionando, créanme que en ocasiones preferiría no ser yo quien dice tales taradeces en antena...) dedicada al cine de sobremesa. Ya, un poco de abuso de poder esto de tener un micro delante y fustigar a los oyentes con mis hobbies. Lo siento mogollón.

Así, en plan peli y manta radiofónica conté con todo ellos (su cariño blablabla... No, en serio, sois los putos amos) para crear nuestra propia película de sobremesa. Título, argumento, localizaciones, personajes, reparto oficial, banda sonora... Todo era nuestro y así lo inventamos. Y esto derivo en una auténtica genialidad: 'Sometida a su pasado'.

Por si no me creen (tampoco sé por qué iban a hacerlo) aquí está el trailer que salió de esta idea que (sí señor) forma parte de una doble sesión: 'Sometida a su pasado' y 'Embarazo destructivo'. ¿Sabremos algún día de qué va la segunda? Ojalá amigos míos. Ojalá.

http://www.youtube.com/watch?v=D5bgRei-HFY

Eternamente agradecida a mis amados compañeros de Radio Córdoba (Cadena Ser) y al joven Manuel Morte quien se atrevió a poner voz a este absurdo guión de trailer.

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Publicado el
4 de marzo de 2014 - 08:00 h
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