Quimeras

 

"En el césped mando yo

(Pablo Villa. Entrenador del Córdoba CF)

¿Qué puede decir este buen hombre, cualquier buen hombre, sobre la independencia de sus decisiones? La pregunta, por sí misma, ya pone en solfa el titular y todo lo que significa. El señor Villa, como el alcalde Nieto, como el dimisionario Griñán, como el presidente Rajoy o como el mismísimo Obama, está obligado a aparentar que gobierna en el campo sin interferencias. Que su voluntad no está atravesada por las impertinencias del presidente del consejo de administración y que quitará y pondrá jugadores en función de los criterios técnicos que le dicte su conciencia.

Vale. Digamos que el bueno de Villa se siente impelido a reivindicarse como profesional y a poner en valor su autonomía deportiva. Pero todo el mundo sabe que si las cosas se tuercen, que se torcerán, le arderá su teléfono móvil y lo llamarán a capítulo en la oficina del club para recordarle algunas cuantas cosas sobre el orden jerárquico de la casa.

Aunque suene autoritaria, la frase que encabeza esta página despide una ternura infinita. La ternura del pobre diablo que quiere aparentar gallardía. Y si el joven Villa tiene difícil mandar sobre el césped, imagínese usted el resto. El presidente Rajoy o el mismísimo Obama se esfuerzan cada día por hacernos creer que son ellos quienes llevan las riendas y son sus ministros quienes toman las decisiones cruciales para la vida de sus conciudadanos.

Entonces, de vez en cuando, salen a la palestra para decirnos lo que acaba de declarar el bueno de Villa, que en el césped mandan ellos y no la troika comunitaria ni los tiburones financieros que surcan los estados del mundo en busca de su próxima pieza.

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27 de julio de 2013 - 02:10 h
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