Perogrulladas

La justicia no puede ser un servicio para ricos

(Santiago Muñoz Machado. Jurista y miembro de la RAE)

Cuando las frases de perogrullo empiezan a ser noticia diga usted que algo (y gordo) comienza a tambalearse en el cosmos. Llevamos unos cuantos años en que las obviedades caen como chuzos de punta un día sí y otro también. Observen, sin ir más lejos, el entrecomillado de arriba. No me digan que no parece un enunciado propio del siglo XIX. Qué digo del XIX: del XVIII. Usted se topa con esta proclama en la España de Carlos IV y le entra por el cuerpo un entusiasmo liberal como dios manda. Pero, claro, escuchar la perla en pleno tercer milenio sólo puede conducir a la melancolía.

La frase dice lo que dice. O sea: que la justicia no puede ser un servicio para ricos. Lo que no dice abiertamente, pero quiere decir subliminalmente, es que ya lo es. Por eso, lo obvio alcanza aquí una fuerza digamos que revolucionaria. Que tiene narices la cosa. Y así, en este plan, nos vemos abocados a desempolvar del cajón verdades de perogrullo, como quien tiene que echar mano otra vez del brasero de picón o de la pila de lavar.

Hoy el señor Machado ha traído aquí una evidencia sobre la justicia como un templo, ayer escuchamos que todos los seres humanos tienen derecho a vivienda y la semana pasada que la sanidad debe ser un servicio universal. A este ritmo, pasado mañana nos veremos obligados a solicitar por escrito que el sol salga por oriente y se acueste por occidente porque, previsiblemente, ya no será una regla elemental del universo.

En definitiva, se nos están cayendo tantas cosas por el camino que las obviedades vuelven a ser materia subversiva. Y, mire usted, ya no estamos para eso.

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15 de diciembre de 2012 - 01:30 h