Ludópatas

El sonido de la cafetera resulta verdaderamente molesto. Con ese ruido es imposible concentrarse.

Paco sirve los cafés a los tres forasteros y enciende la tostadora. En la barra, una pareja desayuna comentando la muerte de la última vecina del pueblo. Desde la esquina, el profesor de Filosofía apostilla que la señora llevaba meses enferma, que morirse es lo mejor que le podía pasar a ella y a su esposo.

A Paco le parece una lástima porque la señora era una chiquilla, apenas pasaba de los sesenta. A él estas cosas de la edad no le afectan. Con 80 recién cumplidos continúa sirviendo cafés y manteniendo informada a la parroquia de todo lo que acontece. Es incluso capaz de sonreír a los tres extraños que han venido esta mañana.

Con tanta charla es imposible concentrarse. Pierde uno las señales sonoras que indican cuándo la bola está a punto de colocarse en el lugar exacto para hacer línea. Pero con tanto ruido… "Un intento más y me voy". Paco sabe que ésa es la señal para abrir la caja y preparar cambio. Juan se ha vuelto a quedar sin monedas y volverá a sacar un billete para poder seguir jugando. Esta vez es de 10 euros.

Desde que colocó la Máster Bingo, no le faltan clientes. Le salen baratos. No toman café y le hacen compañía. En ocasiones son capaces de mantener una conversación, aunque siempre sin apartar la vista de la máquina. Juan lleva una hora delante de ella. Cuando decide cortar lleva la cartera vacía y una expresión a medio camino entre la resignación del perdedor y la ansiedad de quien se sabe adicto a un vicio demasiado caro y evidente.

Antes de despedirse le pide a Paco que le reserve un billete completo de lotería de Navidad, del mismo número al que están enganchados el resto de clientes.

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16 de noviembre de 2013 - 11:06 h
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