La habitación

La habitación es pequeña, pero muy luminosa. Si mantiene recogida la cama del sofá estará cómoda. Es cuestión de acostumbrarse a recogerla nada más levantarse. Tiene dos librerías, una a cada lado del sillón, y un escritorio con silla giratoria donde podrá instalar el ordenador para trabajar. Está exactamente bajo la ventana, así no tendrá que encender la luz cuando escriba, porque usted quiere instalarse para acabar su libro ¿no?

Por cierto, no se preocupe por el gato, a pesar de su nombre -se llama Demonio- es un cielo y no la molestará. Eso sí, no olvide dejar la puerta del baño abierta durante la noche. Demonio es muy meón y le gusta pasar por su caja de madrugada. Si la encuentra cerrada es posible que maulle y arañe lo que pille por delante hasta que alguien se apiade de su vejiga y abra. ¿No será usted alérgica? El último inquilino casi se nos muere una noche de un ataque de tos. Al final el hombre se acostumbró a atiborrarse de pastillas para convivir con el pobre Demonio. Hace dos meses que se fue.

La habitación es muy alegre y para inspirarla he colgado un mapa del mundo en la pared más cercana al escritorio. De esa forma podrá imaginar sus historias en cualquier lugar del planeta. La Habana para las historias de pasión; Moscú, para las de espías; París para el amor; Tánger para las de intriga... porque usted quiere instalarse para acabar su libro ¿no?

¿Se imagina poder recorrer todas esas ciudades? Yo he colgado un mapa igual en mi dormitorio y me he propuesto colocar una chincheta azul en cada uno de los países que conozca. También he comprado verdes para marcar los lugares que visitaré con él. Estoy segura de que viajaremos mucho juntos. De momento no he abierto la caja, pero lo haré pronto. A partir de ahora, si usted decide quedarse tendré un ingreso extra y podré ahorrar para viajar. Si quiere, cuando regrese de mis escapadas podré contarle historias y usted podrá transformarlas para que parezcan aventuras dignas de una novela, porque usted quiere instalarse para acabar su libro ¿no?

No, yo sólo quiero descansar.

Abrí la cama y soñé que millones de chinchetas verdes adornaban la pared de mi habitación.

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26 de abril de 2013 - 08:50 h