Chocolate

El semáforo la ha obligado a frenar. Ha acelerado a lo largo de toda la avenida tratando de escapar del coche que la persigue desde hace rato. Por el retrovisor ha visto sus ojos, chispeantes, plenos de descaro. Ha pisado el acelerador sin entender por qué un veinteañero la sigue en plena noche.

Al frenar la ha adelantado, poniéndose a su lado. Ha sonreído y le ha pedido su teléfono, pero a Julia no le salen las cuentas y se ha limitado a subrayar la diferencia de edad entre ambos.

- Podría ser tu madre

- Pero no lo eres

Luz verde y un sentimiento extraño que la hace dudar entre continuar dando rienda suelta a su adicción al chocolate o calmar esa ansiedad aparcando y subiendo al coche de su perseguidor. Lo está pensando. Sabe que si ella fuese hombre y él una joven de tetas altas y tacón nadie repararía en la diferencia de edad. Pero no lo son. Están ahí y ahora. El coche de atrás ha empezado a impacientarse y pita. Él vuelve a sonreír.

Julia acelera y toma el primer desvío. Huye. Ni un hombre más, sólo una buena taza de chocolate y quizás, sólo por hoy, doble ración de galletas.

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27 de julio de 2013 - 09:34 h
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