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Bellas (III) Olor a té

Elena Lázaro

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El primer día de su boda, frente a la casa de sus padres, H. acabó tan cansada que tuvo que rogar a K. que la dejara dormir, prometiéndole añadir una dosis de sexo al desayuno. Y así empezó su vida como esposa, haciendo el amor junto a la que había sido su casa, recreándose en el olor a cordero y especias que anunciaba el segundo día de celebración por su boda, ahora ya junto a la casa de sus suegros.

Al terminar las fiestas ya no necesitó pedir más permisos, ni siquiera rogar a K. nada más. Estaban de acuerdo. Irían a vivir a España. Tenían amigos en Almería y un contrato asegurado. Consiguieron casa y no tardaron en acostumbrarse al calor de los invernaderos.

La vida en Níjar era cómoda y sencilla, pero sobre todo divertida. Era curioso vivir tan lejos y al tiempo tan cerca de Marruecos. Así se lo describía a su hermano, animándolo a venir. Lo llamaba cada semana desde el locutorio del centro. La mayoría del pueblo hablaba árabe, bebía té con menta y se reía de las mismas anécdotas que ella. Todos menos K.. Él dejó de salir. Ni siquiera los sábados por la tarde, acabada la faena en el campo le apetecía dejar la casa de El Porver. H. no pudo soportar el tedio.

El divorcio, con el nuevo código de familia, llegó rápido. Quiso incluso renunciar a la mout'a, lo que en España llamaban la pensión compensatoria, y lo hizo, pero tuvieron que llegar a un acuerdo sobre el uso de la casa. La crisis había empezado y no fue fácil encontrar otro lugar donde dormir.

K. pareció tan comprensivo como el día de su boda. No puso impedimento y sólo un mes después del divorcio volvían a dormir bajo el mismo techo. Imaginó que podría construir una nueva historia juntos, por eso no se extrañó cuando sujetó su cara para besarla. Esperaba un beso en la frente, vio sus manos descender por su cuello presionando y de pronto el olor a Cordero y especias desapareció.

* H.A. fue asesinada por su exmarido el 1 de octubre de 2013. Nadie la echó de menos hasta 8 días después, cuando su hermano denunció su desaparición. La Policía tardó 3 meses en encontrar su cuerpo cubierto por mantas y enterrado junto a la casa que compartía la pareja. El 13 de enero, K. E. confesaba que la había asfixiado porque no podía soportar verla vivir su propia vida.

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