Los primeros en transgénicos

Parece ser, según un estudio del MAGRAMA, que vamos a ser primeros en la superficie agrícola dedicada al cultivo de los transgénicos. Según las previsiones del Ministerio de Agricultura, este año podemos pasar de las 116.306 hectáreas que se cultivaron el pasado año a las 138.543 hectáreas que se prevén para este año.

O sea, que estamos hablando de casi un 19% más. Es curioso que seamos el único país de Europa, que no pone trabas a la siembra de estos cultivos, emblemáticos como son las variedades de maíz y de la soja. Aquí no nos importa el principio de precaución ni la cláusula de salvaguardia, que sí preocupan en países como Francia, Alemania, Austria, Luxemburgo, Bulgaria, Grecia, etc. Incluso Polonia se opuso a la siembra de una variedad de patata transgénica, comercializada por una conocida multinacional. Y por último, Italia también se opuso a la siembra de una variedad de maíz transgénica.

Vamos, que somos el último bastión de las multinacionales biotecnológicas. Así que al observar la estimaciones de siembra publicadas por el Ministerio, curiosamente también aparece nuestra provincia, con cerca de unas 2.300 hectáreas.

Y es curioso también, que sea nuestro país quién se opone a la renacionalización de las decisiones individuales de cada país sobre el cultivo de los transgénicos, o sea que se opone a que cada país haga lo que estime oportuno para aprobar o vetar a estos cultivos.

Porque no hay que olvidar, como reconoce la Organización Ecologista Greenpeace, y esto es, dejando de lado los pros y los contras en lo relacionado con la salud, que sólo diez multinacionales controlan casi el 70% del mercado mundial de semillas, con lo que los agricultores, la verdad es que tienen poca capacidad de elegir. Por ejemplo, entre 1996 y 2011, la utilización del herbicida glifosato, muy asociado a este tipo de semillas por su tolerancia, se ha incrementado en más de 239.000 kilos en EEUU.

Y quizás lo más importante de todo, no nos podemos oponer a la biotecnología y a los avances de la investigación,pero que se realicen en ambientes confinados y controlados, de tal forma que no interactúen con el medio ambiente. Y sobre todo, que los consumidores tenemos el derecho de saber dónde y cómo se producen nuestros alimentos. Precisamente esta falta de transparencia, es lo más preocupante, pues estamos en manos de las multinacionales.

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5 de agosto de 2013 - 08:00 h