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Sobre este blog

Raúl Ruiz Rodríguez (raul@relevado4.es) es uno de los profesionales pioneros de la transformación digital en España. Con más de 25 años de experiencia en medios de comunicación, marketing, estrategia e innovación comercial, ha desarrollado su carrera ayudando a empresas y grupos editoriales a reinventar sus modelos de ingresos, modernizar sus estructuras comerciales y aprovechar las tecnologías emergentes para crecer.

Comenzó su trayectoria en los primeros años de Internet en España, allá por 1998. Posteriormente, consolidó su experiencia en el sector de medios, ocupando puestos directivos en Vocento, PRISA, Vozpópuli, Secuoya Nexus o Zinet Media Group, donde dirigió equipos de ventas/Marketing, expansión , desarrollo de negocio gestionando carteras de grandes clientes y proyectos con marcas como Kia, Movistar, BBVA, Endesa, Heineken o Repsol.

En 2021 fundó Relevado4 para ayudar a los medios de comunicación a redefinir sus modelos de ingresos y sus estructuras comerciales. Esta experiencia, basada en transformación, innovación y optimización de ventas, es totalmente aplicable a cualquier sector que necesite modernizar sus procesos comerciales, incorporar nuevas tecnologías y mejorar su rendimiento.

La Declaración de Independencia, la Primera Guerra Mundial y la IA

El famoso retrato de John Trumbull, de 1818, suele identificarse como una representación de la firma de la Declaración, pero en realidad muestra al comité de redacción presentando su trabajo ante el Segundo Congreso Continental CC0

Raúl Ruiz

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En las últimas dos semanas me ha ocurrido algo curioso. Viendo un documental de Netflix sobre la historia de Estados Unidos (El experimento estadounidense), apareció un libro del que, sinceramente, nunca había oído hablar: Common Sense, de Thomas Paine.

Días después terminé de leer Los cañones de agosto, de Barbara Tuchman, probablemente uno de los mejores libros escritos sobre el inicio de la Primera Guerra Mundial. Aparentemente no tienen nada que ver: uno habla del nacimiento de una nación, el otro, del comienzo de una guerra, y , sin embargo, mientras escuchaba y leía, no podía dejar de pensar en la IA, no por la tecnología, sino por otra cosa. Los dos libros hablan, en el fondo, del mismo fenómeno, del momento en que el mundo cambia, pero las personas siguen tomando decisiones utilizando las reglas del mundo anterior.

Thomas Paine entendió que las colonias americanas ya no podían seguir pensando como una prolongación de Inglaterra ya que las condiciones habían cambiado, y por tanto, seguir utilizando las mismas reglas deja de tener sentido.

Barbara Tuchman cuenta algo parecido desde otro ángulo. En el verano de 1914, los dirigentes europeos no eran incompetentes, era personas inteligentes que tomaban decisiones aparentemente racionales…para un mundo que ya estaba dejando de existir. Aplicaron doctrinas militares, alianzas políticas y modelos de pensamiento heredados de décadas anteriores a una realidad completamente nueva. El resultado, como es sabido, fue una guerra que ninguno imaginó en la dimensión que terminó alcanzando.

Me fue imposible no pensar que quizá eso es exactamente lo que nos está ocurriendo con la inteligencia artificial.

Llevamos meses hablando de herramientas, de agentes, de automatización, de copilotos, de prompts, de modelos y, ahora, incluso del fenómeno conocido como tokenmaxxing, empresas que miden el éxito de su estrategia de IA por el número de tokens consumidos, las licencias activadas o los agentes desarrollados. Algunas incluso han llegado a incentivar a sus empleados para utilizar más inteligencia artificial.

Y, sinceramente, creo que esa noticia no habla de IA, sino de dirección empresarial, de organizaciones que siguen creyendo que transformar consiste en utilizar más tecnología. Pero consumir más tokens no significa crear más valor. Es, sencillamente, consumir más infraestructura y asumir más costes. Cada interacción con un modelo, cada agente desplegado y cada automatización tiene un precio. Si detrás de ese gasto no existe una decisión estratégica que aumente la capacidad de la organización o cambie realmente su posición competitiva, la empresa no se está transformando, solo está incrementando su factura tecnológica, y lo más preocupante es que esta historia ya la hemos vivido.

Hace 20 años, muchas empresas confundieron transformación digital con comprar tecnología. Implantaron CRMs, ERPs, páginas web o aplicaciones móviles creyendo que eso transformaría su negocio. En la mayoría de los casos no fue así, solo digitalizaron procesos, pero siguieron gestionando la empresa con el mismo modelo, la misma organización y las mismas reglas.

Con la IA corremos el riesgo de repetir exactamente el mismo error, solo que mucho más deprisa.

Seguimos preguntándonos qué herramienta utilizar, qué agente desarrollar o qué proceso automatizar, cuando probablemente muchas de esas actividades dejarán de existir dentro de pocos años. Quizá no haya que automatizar un departamento, sino rediseñarlo. Puede que no tengamos que optimizar el modelo de negocio, sino construir uno nuevo, porque la verdadera pregunta no es cómo implantar la inteligencia artificial (IA), es otra muy distinta. ¿Qué empresa necesitamos construir para competir en una economía donde la capacidad ya no depende únicamente de las personas, la estructura o el capital, sino también de sistemas inteligentes capaces de analizar, aprender, coordinar y ejecutar?

Llevo meses defendiendo que la implantación de la IA debería comenzar exactamente al revés de como se está haciendo. No por la tecnología, sino por el negocio. Revisando el modelo de empresa, cuestionando la propuesta de valor, entendiendo cómo cambian los mercados, identificando las nuevas capacidades que aparecerán y diseñando la organización que será capaz de competir en ese nuevo contexto. Solo entonces tiene sentido decidir qué herramientas implantar.

Y aquí, en mi opinión, está el mayor error que estamos cometiendo.

Estamos utilizando la inteligencia artificial para optimizar empresas diseñadas para una economía que la propia inteligencia artificial está haciendo desaparecer.

Creo que esa es la conversación que todavía no estamos teniendo, ya que no ante una revolución tecnológica, sino ante una transición económica, una transición que cambiará la forma de crear valor, de organizar las empresas, de competir y, probablemente, de entender el trabajo.

Por eso cada vez estoy más convencido de que las organizaciones no necesitan únicamente expertos en IA, sino especialistas capaces de ayudarlas a interpretar este cambio, a rediseñar su modelo de negocio y a construir la empresa que necesitarán dentro de cinco años. La historia nos enseña algo que rara vez recordamos,las grandes transformaciones no empiezan cuando aparece una nueva tecnología, sino cuando las reglas con las que interpretábamos el mundo dejan de servir.

Tengo la sensación de que ese momento ya ha comenzado.

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Raúl Ruiz Rodríguez (raul@relevado4.es) es uno de los profesionales pioneros de la transformación digital en España. Con más de 25 años de experiencia en medios de comunicación, marketing, estrategia e innovación comercial, ha desarrollado su carrera ayudando a empresas y grupos editoriales a reinventar sus modelos de ingresos, modernizar sus estructuras comerciales y aprovechar las tecnologías emergentes para crecer.

Comenzó su trayectoria en los primeros años de Internet en España, allá por 1998. Posteriormente, consolidó su experiencia en el sector de medios, ocupando puestos directivos en Vocento, PRISA, Vozpópuli, Secuoya Nexus o Zinet Media Group, donde dirigió equipos de ventas/Marketing, expansión , desarrollo de negocio gestionando carteras de grandes clientes y proyectos con marcas como Kia, Movistar, BBVA, Endesa, Heineken o Repsol.

En 2021 fundó Relevado4 para ayudar a los medios de comunicación a redefinir sus modelos de ingresos y sus estructuras comerciales. Esta experiencia, basada en transformación, innovación y optimización de ventas, es totalmente aplicable a cualquier sector que necesite modernizar sus procesos comerciales, incorporar nuevas tecnologías y mejorar su rendimiento.

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