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Raúl Alonso: “Consumir cultura ha sido la única manera de sobrevivir a un escenario tan triste”

Raúl Alonso | MADERO CUBERO

Raúl Alonso (Córdoba, 1975) escuda la lucidez de su pensamiento detrás de su sonrisa. Es más fácil captar la atención de alguien si llevas dibujado en el rostro una mueca de calidez. Y Alonso la dibuja bien. Sonríe con los ojos y con la boca. Y luego, cuando habla, su tono es lento y reflexivo, pero el lenguaje es coloquial. Así es como coloca sus pensamientos y su poesía.

Y puede que con esto último ocurra un poco lo mismo. Que escuda la brillantez de sus versos detrás de su trabajo como gestor cultural -La Montaña Mágica- y como gerente y comandante de la Editorial Cántico, cuyo catálogo tiene tanto peso como el nombre del que hace gala. Pero no nos engañemos: los versos de Alonso no son carne de penumbra. Más bien lo contrario, como atestiguan el Premio Poesía Joven de Radio 3 para Libro de las catástrofes (2002), o el Premio de Poesía Ciudad de Córdoba-Ricardo Molina para El amor de Bodhisattva (2004).

Aunque el pretexto para esta entrevista era darle voz a una personalidad del mundo de la cultura en un momento tan complicado como el actual, la elección de Alonso, que ha construido su obra poética sobre pilares como la ciencia, la tecnología, el amor, la incomunicación y las religiones, acaba llevando la charla hacia terrenos más filosóficos, para acabarla en el terreno más humano y personal.

Es entonces la entrevista se abre al diálogo y cuando, tras haber analizado la incertidumbre, el entrevistado expone una más que probable hipótesis: muchos se empeñarán en convertir la tragedia de estos días en una anécdota, mientras otros pondrán todo su afán en recuperar los derechos perdidos.

PREGUNTA. ¿En qué has aprovechado estos días? ¿Cuánto llevamos? Justo un mes ya (la entrevista se produce el miércoles 15 de abril).

RESPUESTA. Pues ahora mismo estaba liado actualizando la web de la editorial, que ya le queda casi nada. Y estos días he estado investigando las nuevas tendencias del mercado editorial. Y la verdad que muy bien. Estoy pensando en invertir en varias líneas de desarrollo desde la editorial. Entretenido, vamos.

P. No sabía que te encargabas tú del apartado digital, también.

R. Bueno, yo hice un master en la Universidad de Alicante de programación y comunicación de contenidos digitales. Así que estoy bastante familiarizado con todo eso. Y el núcleo de la web lo estoy desarrollando yo mismo.

P. ¿Y te gusta?

R. Bueno, hombre cuando es para cosas mías, para la editorial por ejemplo sí. Pero antes, cuando me dedicaba a desarrollar proyectos, yo que sé, de intranet o soluciones de e-commerce, pues es todo un poco tedioso, como muy frío. No soy tan friki como para meterme en la programación a saco. Pero claro, al tratarse de algo que voy a integrar en mi proyecto editorial pues sí lo hago con bastante entusiasmo, la verdad.

La única certeza de este estado de confinamiento es que necesitamos sociabilizarnos

P. Es curioso que estudiaras filosofía y de filosofía pasaras a un código binario, aunque entre medias seas poeta.

R. En realidad casi todos los lenguajes de programación se basan en las mismas reglas de sintaxis y de lógica. Cambia, a lo mejor, formas de definir variables o de estructurar funciones, pero poco más. La verdad es que tiene mucha relación con la lógica y con la filosofía del lenguaje, realmente.

P. Ajá. Bueno, ¿dónde te pilló a ti todo este follón del estado de alarma?

R. Pues estaba aquí en el campo. Justo ese fin de semana estaba aquí mi padre, que suele subir dos o tres veces en semana al campo donde yo vivo, y se lo dije: “Papá, como bajes, ya no vas a subir hasta que esto termine. Así que piensa si quieres bajar o quedarte aquí conmigo”. Y él no le daba importancia. Decía: “Esto van a ser tres días”. Y nada. Yo también me lo planteé si bajar a Córdoba, irme con mis padres y eso. Pero que va. Prefiero estar aquí en mi casa con mi rollo y muy cómodo. La verdad que aquí en el campo lo estoy llevando bastante bien.

P. Es una suerte poder tener un espacio como ese.

R. Bueno, si te gusta el campo claro.

P. No, pero ahora ya da igual que te guste o no. Es que ahora es mejor estar en el campo al aire libre que en un piso confinado.

R. Hombre, yo creo que sí, la verdad. Yo lo prefiero. De hecho es que yo vivo aquí porque me encanta salir y estar en contacto con la naturaleza. Tengo muchos animalillos. Las gallinas, el caballito, los perros, también tengo colmenas. Yo que sé. Me encanta todo el rollo este bucólico. Y como afortunadamente puedo trabajar online, pues así me organizo.

P. Es que hay como dos realidades. La de las ciudades y la del medio rural. Son dos realidades totalmente distintas.

R. Sí, bueno, la verdad es que yo no he notado aquí nada. O sea, para mí y para la gente con la que yo me relaciono aquí en la comarca y en la zona, yo no he notado realmente ningún cambio. Lo he notado cuando he tenido que bajar a Córdoba a hacerme algún seguimiento de lo de mi enfermedad o a hacerme el control del sintrón. Y ahí si he visto una realidad que me impactó mucho. La primera vez que me bajé a Córdoba después de estar 15 días aislado, me dio un poco de bajona. De repente me encontré Córdoba sola, con varios controles policiales por ahí, incluso gente del ejército dando vueltas, y me llevé un auténtico shock. Me quedé impactado.

Porque claro, aquí no lo percibía. De vez en cuando pasa un guarda forestal de la finca vecina con el todoterreno, me da tres o cuatro pitidos para que salga, y charlamos un rato. También, cuando tengo que comprar voy a Trassierra por una pista de tierra que hay bordeando el Guadiato, y es que aquí no lo he visto eso nunca. Ni siquiera en Trassierra. No he visto ni Policía ni Guardia Civil, nada. No sé. Es otra historia.

La vida cultural se ha ido al traste y era responsabilidad de los agentes culturales políticos que eso no pasara

P. El tuyo es un confinamiento que no tiene nada que ver con las imágenes que salen en la televisión.

R. Totalmente. Y además, yo que sé, también he visto, por comentarios de amigos, cuando hablamos, que la poli está en plan duro. Que están como muy bordes, muy chulitos.

P. Tiene que ver también con el hecho de que la gente se está empezando a relajar bastante.

R. Claro, también. Eso es cierto. Yo entiendo que habrá quien esté en ese plan, pero no deja de ser desagradable tener que encontrarse con un escenario social como éste, con un estado represivo, como el que nos encontramos.

P. Tienes suerte, en cualquier caso. Por lo que veo tú ya habías hecho un entrenamiento previo de aislamiento.

R. ¿Por qué lo dices?

P. Bueno, porque veo que a ti no te ha afectado demasiado el estado de alarma.

R. Claro, yo es que llevo viviendo aquí hace ya ocho años. La verdad es que en mi pauta de vida no me ha afectado tanto. Sí me ha afectado en el plano económico. Porque como bien sabes, aparte de mi actividad en la editorial, que es más una inversión que otra cosa, digamos que mi soporte económico realmente es la gestión cultural. Y todos los actos y todos los proyectos que tenía programados para primavera y hasta junio se ha tenido que suspender. Eso ha sido un impacto económico importante. El sector cultural yo creo que se ha visto muy muy afectado. Por supuesto, el que más la hostelería. Para ellos ha sido un auténtico desastre. Pero también la cultura… Un montón de artistas, performers, de todo ¿no? Gente que tenía un montón de bolos programados y que de repente se han visto con los actos suspendidos y sin ingresos. Y tú sabes que muchos artistas que se dedican a este sector no tienen nada. Ni siquiera tienen derecho a prestación. En ese sentido, ha sido una putada bastante grande.

P. ¿Qué es lo que tenías previsto para estos meses?

R. Pues por ejemplo, todos los actos de La Montaña Mágica, que son los encuentros literarios en la provincia que tengo con Diputación, se han ido al garete.

Los gestos simbólicos pueden llegar a convertirse en gestos revolucionarios

P. ¿Cancelado o aplazado?

R. Bueno, se ha aplazado. Pero yo tenía previstos esos ingresos para tirar durante primavera y verano y de momento no hay nada. Luego, tenía también previstas varias coediciones con varios ayuntamientos, que también se han visto pospuestas. Porque, con el cierre de los ayuntamientos, los expedientes se han quedado parados. En fin… Un poco desastre. Pero bueno, lo vamos sobrellevando. Yo es que creo que hay gente que lo está pasando mucho peor, la verdad.

P. Es verdad que los artistas están reclamándole mucho al Gobierno, pero también, creo, que parte de la supervivencia de los artistas pasa por las entidades locales. Tú mismo lo estás diciendo. Tus programas eran con cargo a diputación y algunos ayuntamientos. Hay muchos actores y músicos que trabajan para el Ayuntamiento, en programas culturales.

R. Cierto.

P. Los presupuestos de cultura están ahí. De momento están ahí. Por poner un ejemplo: si ahora se ha cancelado el Festival de la Guitarra, quizá los músicos, en vez de ir al Gobierno, deberían solicitarle al Ayuntamiento que destine la parte de gasto de publicidad de este festival a unas ayudas para músicos locales.

R. Exactamente. Yo creo que aquí, por un asunto, que yo creo que es debido al complejo sistema burocrático, los funcionarios, los técnicos de Cultura o los agentes culturales políticos, no han asumido una actitud muy responsable a la hora de solucionar un poco el pato. Debían haberse dado cuenta de que, durante el estado de alarma, la vida cultural se ha ido al traste, y era responsabilidad de los agentes culturales políticos que eso no pasara. Entonces, tendrían que haber buscado soluciones. Justo ayer, estuve hablando con el director de Cultura del Ayuntamiento de Mallorca y él me dijo que han tenido que cambiar un montón de cosas y que han liberado 300.000 euros para ayudar a los artistas y a los gestores culturales de la ciudad. Y lo han hecho ahora, ya. Y sí, yo pienso que ha habido una falta de responsabilidad y una actitud bastante pasiva hacia las personas que vivimos de la cultura.

P. Evidentemente las declaraciones del ministro no ayudan.

R. Hombre, eso fue… Todavía me lo podía esperar de otro tipo de gobierno, pero de un gobierno como el que tenemos, que un ministro de Cultura diga eso… La verdad es que unas declaraciones que prácticamente dicen que la cultura no tiene importancia cuando ha sido lo que ha permitido sobrevivir con una mente más o menos sana al confinamiento. Porque la gente, lo que ha consumido durante el confinamiento ha sido cultura. Ya sea en forma de películas, series, libros…

Con ‘La Plaga’ (2000) yo me quería reír de todo ese alarmismo apocalíptico

P. Desde luego se está consumiendo más cultura que ropa, pero las industrias y los comercios textiles seguramente tendrán ayudas inmediatas.

R. Mira, ahora estaba viendo un informe sobre la venta de libro electrónico y las ventas se han triplicado. ¿Qué es lo que ha hecho la gente en casa? La gente en casa lo que ha hecho es consumir cultura. Consumir cultura ha sido la única manera de sobrevivir a un escenario tan triste. Y que el ministro de Cultura no se de cuenta de eso. De que la cultura es algo esencial y fundamental para el bienestar. No sé, es bastante contradictorio y bastante lamentable. En fin, yo no me lo esperaba. Me lo podía esperar de otro tipo de Gobierno, pero desde luego no de éste. Ha sido un gran error y sobre todo una falta de sentido y de puesta en valor de lo que significa la cultura y la industria en torno a la cultura.

P. ¿Crees que el apagón cultural estuvo bien planteado o se quedó a medio gas? Yo es que creo que plantear una apagón que no es real es un error de concepción.

R. Claro. Yo creo que el apagón cultural fue algo más simbólico que otra cosa.

P. ¿Y crees que una huelga simbólica puede tener fuerza suficiente?

R. Los gestos simbólicos pueden llegar a convertirse en gestos revolucionarios. Se empieza así. Pero si el colectivo está fuertemente convencido, fuertemente unido, y tiene las ideas claras de por lo que se lucha y por lo que se está reclamando algo, lo normal es que se empiece por gestos reivindicativos y que, si se les ignora, los actos se organicen de una manera más real, entrando en los hechos. Entrando en medidas de desobediencia civil. Pero para ello hace falta que el colectivo que organiza eso sea un colectivo que tenga una identidad clara.

P. ¿Es el caso?

R. ¿Qué es lo que pasa con el sector cultural? Pues que tiene tantos vectores, tantos segmentos y está tan diversificado que, bueno, organizar un apagón cultural… Lo cierto es que ni siquiera se llegó a organizar realmente. Se pasó un mensaje por redes. Yo creo que en el mundo de la cultura faltan organismos potentes. Igual que en el mundo de la empresa y de los trabajadores existen instituciones bien organizadas, aquí es que yo no he visto por ejemplo que la SGAE haga nada. La sociedad general de autores debería haber aparecido en los medios y haber desarrollado algún proyecto. Y no lo ha hecho. No he visto a la SGAE para nada.

La posmodernidad nos ha aturdido un poco y hemos caído en una crisis de falta de referentes

P. Estáis peor los artistas que los periodistas.

R. (Se ríe) Sí.

P. Es que una apagón cultural real sería desaparecer de la red. Nadie echa de menos lo que sabe que va a volver a aparecer en 48 horas. Se puede vivir 48 horas sin leer un libro, sin ver una película, sin escuchar música. Pero si se lo quitas todo. Si desapareces de su vida, entonces sí hay una revolución.

R. Exactamente. Yo creo que el apagón cultural se quedó en un amago. En un gesto simbólico más bien débil. Y de hecho, yo creo que ya la mayoría de la gente no le echa cuentas.

P. Claro, es que me imagino una huelga editorial. ¿Sería lo mismo una huelga editorial para el Grupo Planeta que para la editorial Cántico?

R. (Se ríe) O para las editoriales independientes o pequeñitas. Claro. No sería lo mismo desde luego.

P. Yo quería hablar un poco de tu obra poética, porque preparando la entrevista he notado que es un poco profética. También tu obra editorial, que lo último que ha publicado está muy conectado con la realidad, pero es que si me voy a unos de tus primeros poemarios, La plaga, hablas de como la humanidad no es capaz de afrontar una catástrofe natural sobrevenida.

R. Sí. Es una distopía. Se publicó en el año 2000 y estábamos en una época de cambio de milenio, que tú sabes que invita mucho al alarmismo apocalíptico. Yo escribí ese libro entre los 20 y los 22 años y quise reflejar una distopía. Para ello quise utilizar una estructura narrativa, porque cuenta una historia, pero usando imágenes y poemas muy locos, muy divertidos. Lo planteé desde el desenfado y la diversión. Con La Plaga yo me quería reír de todo ese alarmismo apocalíptico. Es un poemario muy fresco escrito por un veinteañero. La idea era una invasión de tábanos que se come a la humanidad. Una cosa muy loca. Y también con un tono de película de serie b, gore, yo que sé, con ese rollo. La verdad es que es un libro que me sigue gustando. Vamos, me sigo identificando mucho con él, pero sobre todo teniendo en cuenta que tiene un trasfondo de humor, más que de dramatismo, más que trágico.

Cuando pasen cinco o seis meses, la gente se va a olvidar. La gente va a hablar de esto como una anécdota

P. La realidad acaba siendo más trágica que la ficción.

R. Sí, por supuesto. Por eso necesitamos herramientas cognitivas y valores culturales que nos permitan sobrevivir al puñetazo de la realidad social. La realidad social es muy cruel. Y el ser humano cuando vive atrapado por el temor... Cuando el miedo se convierte en algo colectivo, el ser humano es capaz de las miserias más grandes. Por eso necesitamos la cultura. Para no caer en ese tipo de comportamientos y mantener un sentido más, digamos moralmente más creativo, ante todos los inputs destructivos de la realidad.

P. Es curioso porque la ciencia sí que había visto venir la pandemia, pero es la cultura la que nos había dicho cómo iba a ser en realidad.

R. Sí sí.

P. Sobre todo había sido la ciencia ficción la que había predicho como el ser humano se iba a enfrentar a ella.

R. Exactamente. Y con muy diversos registros. En el cine, en la literatura… hay un montón de géneros en los que ya se había planteado toda esta inquietud hacia un escenario como el que estamos viviendo ahora.

P. Como puede ser La plaga.

R. Sí, por ejemplo.

P. La realidad es más gore siempre. Allí hablabas también de otras cuestiones que siguen muy vigentes, como la desconexión vital, la tontuna a la que estamos sometidos desde los medios… En realidad, todo ese zeitgeist estaba ahí desde el cambio de milenio.

R. Totalmente.

P. Y ahora estamos en el cambio de decenio, y encima martillean los recuerdos de los años 20 del último siglo.

R. Sí. De alguna forma la gran metáfora que hay en el libro de La Plaga es que lo que hay es una plaga de multisignificación, una plaga de verdades. En la posmodernidad, como se ha quedado suspendido el referente de una verdad absoluta, que era la que te salvaba y, fuera de eso ibas al infierno, pues todo eso ha dado pie a una cantidad de expresiones, de mentalidades tanto a nivel estético, a nivel político, como a nivel social, como a nivel sexual o afectivo, etcétera… Yo creo que la posmodernidad nos ha aturdido un poco y hemos caído en una crisis de falta de referentes. Hemos caído en determinadas facetas de la sociedad en un todo vale que no siempre está justificado. Y ese estado de desconcierto, ese estado de aturdimiento por tanta información, por tantas verdades y tantos mensajes, yo creo que era lo que quería reflejar un poco con esa plaga.

No le quiero dar demasiada importancia a mi enfermedad, aunque soy consciente de que es grave

P. Luego insistes en Libro de catástrofes. Aunque te centras más en el papel de la ciencia, que es una constante en tu obra.

R. Sí. A mí siempre me ha gustado mucho la ciencia y la tecnología. Y en Libro de las catástrofes, lo que me inspiró para escribirlo fue la teoría de las catástrofes Thom que es uno de los pilares de la física del caos. Y a partir de ahí pues escribí ese libro, que además tuvo mucho éxito, con el premio de Radio 3. Así que, sí, mantuve de alguna manera ese sentido de una escritura reivindicativa, pero también basada en criterios o inspirada en valores científicos.

P. ¿Hay alguna certeza posible en estos momentos?

R. (Se ríe) Yo si algo tengo claro es una cosa: la sociabilidad es necesaria. Es algo que hemos visto con el confinamiento. Porque yo incluso viviendo en un lugar súper amplio y habiendo podido pasear tranquilamente con mis animalitos y sin haber visto policía ni nada, incluso yo he tenido días de bajona. Yo creo que todos hemos pasado por días de hipersensibilidad en los que esto nos ha llegado a afectar demasiado. Y tanto tiempo confinados a mí me ha hecho patente que necesitamos desarrollar una cultura colectiva. Una cultura del saber estar en sociedad y disfrutar de ella. Esto también forma parte de los valores democráticos, que yo creo que son los que nos salvan de alguna forma. Eso lo he tenido muy claro. Para mí es una certeza: todos nos necesitamos. Pero no solo a nivel de conectividad, si no la presencia.

A mí me gustan mucho eso versos de San Juan de la Cruz, cuando dice: “Mira que la dolencia de amor no tiene cura, sino con la presencia y la figura”. Es decir, que para querernos, para amarnos, para desarrollar políticas comunitarias, formas de gestionar que agreguen valor a nuestra vida, necesitamos interactividad, presencia y socialibildad. Eso hay que cuidarlo mucho y este confinamiento nos debería llamar la atención sobre eso.

P. Es curioso porque ya nos estábamos aislando socialmente mucho antes del confinamiento. Esto no es ni más ni menos que un empujón a lo que ya estábamos haciendo. Cada vez nuestras relaciones tendían más a lo virtual.

R. Totalmente. A mí me cansan mucho las redes sociales. Evidentemente tengo que estar ahí porque el tema profesional me obligue a estar. Pero yo vengo de una generación que no tenía WhatsApp, que no tenía móviles, que no tenía tablets cuando éramos jóvenes. En las nuevas generaciones que ya viven en esos patrones, sí veo muy patente la falta de riqueza en la sociabilidad. O sea, un énfasis del egoísmo y del narcisismo. Usan las redes para hacerse fotos, para venderse. Veo una política del deseo. Y además, la capacidad de diálogo también se está perdiendo. Porque ahora, la mayoría de las comunicaciones que hay en redes sociales se reducen a cuatro estados: Me gusta; me encanta; me entristece o me enfada. Y mucha gente ya habla con eso. O sea, esa cosa tan bonita, la cultura de la tertulia, de quedar con unos amigos para tomar unas cañas, dialogar sobre temas y poder discrepar, poder confrontar opiniones con fundamentos, con un discurso bien formado… Creo que la cultura del diálogo se está empobreciendo muchísimo por el cambio en los patrones de sociabilidad que han traído las redes sociales. La sociabilidad virtual es bastante pobre.

Todos los proyectos que tenía programados para primavera y hasta junio se ha tenido que suspender

P. Creo que una de las cosas que a mí más me preocupan es que muchos jóvenes de los que hablas salgan del confinamiento todavía más aislados. El confinamiento no ha hecho sino reforzar la distancia social.

R. Sí. Fíjate lo que pasa en Japón, donde se da mucho los adolescentes que se meten en su cuarto y que no salen. No sé como se llama. Tiene hasta un nombre ese fenómeno. Pues eso, cuando éramos nosotros adolescentes, a nadie se le podía ocurrir hacer algo así. A lo mejor te enfadabas con tus padres un día y te metías en tu cuarto y a las 4 o 5 horas se te pasaba y punto. Pero eso de meterte cinco o seis meses en una habitación y pasarte el día jugando a juegos online, por ejemplo, o con redes sociales, es una locura. Estás absolutamente desubicado de un sentido de la realidad.

P. Y a eso le sumas que se ha generado miedo a salir y al contacto. Es el caldo de cultivo perfecto para la alienación total.

R. Exactamente. Por eso te comentaba antes que la única certeza de este estado de confinamiento es que necesitamos sociabilizarnos. No vería correcto ceder a un estilo de vida aislado. Aunque el ser humano lo pueda desarrollar. Aunque el ser humano pueda desarrollar sistemas de supervivencia, porque el ser humano es como las ratas, nos adaptamos a cualquier cosa, si queremos mantener una calidad en nuestros valores vitales, cognitivos y emocionales, no podemos ceder a un estilo de vida confinado por defecto. No deberíamos ceder a ningún tipo de justificación a que esto ya va a ser algo normal, a que nos tengamos que ir acostumbrando a este estilo de vida. Creo que ante eso habría que tener una actitud reaccionaria y crítica.

P. La filosofía desde luego es una buena vacuna contra esta situación.

R. Hombre, por supuesto. Afortunadamente este gobierno la ha vuelto a incorporar como obligatoria en los sistemas educativos de secundaria. La filosofía tiene que ser conocida por los adolescentes porque abre mucho la mente. Lo importante es que haya profesores que sepan inculcarla.

P. Qué difícil.

R. Es muy difícil sí. Pero hay que hacerlo. Los agentes educativos, los profesores, tienen que ponerse las pilas y conectar con los adolescentes de hoy y saber hablarles de filosofía. No podemos caer en una pedagogía demasiado conservadora o demasiado tradicional. Hay que darle una vuelta al asunto. Es una cosa importante para reflexionar: un cambio de paradigma educativo. Que empieza incluso en las mismas estructuras educativas, en los mismos centros educativos, en los mismos edificios, en cómo se plantean los edificios, en cómo se plantean las clases. Todo eso debería cambiar. O cómo se proponen los contenidos educativos. Creo que el sistema educativo que tenemos actualmente tiene que transformarse mucho. Y de hecho, estamos viendo que la juventud está adoptando patrones de conducta que no tienen nada que ver con el bienestar. Por ejemplo: tantos suicidios, tantos depresiones… Que haya un índice de adolescentes deprimidos tan grande como el que hay, o que haya tanta violencia también… Todo eso nos está diciendo que el sistema educativo está fallando desde la base.

El apagón cultural se quedó en un amago, En un gesto simbólico más bien débil

P. Y precisamente que hace falta filosofía. Porque ellos tienen que tener herramientas para gestionar todo eso y no las tienen.

R. Exactamente. Por eso también es importante, ya que estamos hablando de impactos transformadores, que todo esto que estamos pasando sea una llamada de atención para el vector de la educación. Proponer un nuevo paradigma educativo.

P. Tú en Cántico acabas de publicar un libro filosófico que precisamente lo que habla es del fin de un paradigma civilizatorio. Hablo del libro de Hashim Cabrera.

R. Exactamente. Bueno, la colección de ensayos de la editorial tiene un carácter que ha cuidado el mundo de la psicología y la sociología, pero desde aspectos críticos. Se han editado libros, por ejemplo, como La terapia de lo inútil, de Ramón Román, catedrático de filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, o un libro relacionado con la violencia machista, otro libro de María Dolores Villuendas hablando sobre las crisis que hay hoy día en las relaciones entre abuelos y nietos por el cambio de rol en el que se están viendo los abuelos y cómo eso también ha generado un impacto en la vida doméstica.

P. Y que ahora también se está viendo.

R. Justo. Y por supuesto la visión tan crítica y tan profunda y también tan heterodoxa de Hashim Cabrera. Hashim Cabrera para mí es un autor y un artista, una personalidad cultural muy interesante y con muchos matices. Y este ensayo, Una revolución de las almas, además es que también resulta como muy profético. Trata temas como la crisis ecológica, el choque de civilizaciones, la ecopolítica… son tema que están ahora de plena vigencia. La verdad es que estoy contentísimo con esa publicación y creo que tiene mucho que aportar al debate social.

P. Seguimos, Besos prohibidos en ciudades chinas.

R. Jajajaja. Sí. Fíjate ¿no? La verdad es que es un poemario que a mí me encanta. Porque Roberto Loya, su autor, tiene una gran sensibilidad filosófica también. Además, creo que es uno de los pocos exponentes de una corriente de la poesía que se está perdiendo, que está desapareciendo, que es la poesía del conocimiento. Que ha tenido grandes representantes como Eduardo Cirlot. Roberto Loya es una de las pocas y raras voces que todavía mantiene esa orientación filosófica y cognoscitiva en el ámbito de la poesía, lo cual es muy difícil de solucionar sin que resulte pesado. Y yo creo que su libro es un libro muy bonito, lleno de sugerencia. Crea una atmósfera muy amplia, muy abierta para pensar, para sentir. Es un libro muy sensitivo, también. Y claro, al ser también periodista y estar en contacto con la realidad, tiene esa cosa de que no alza el vuelo demasiado y se aparta del mundo, si no que manteniendo una sensibilidad filosófica e incluso espiritual, está muy atento al escenario. Y de ahí que su libro parezca también profético. Porque detalla cosas como lo que está ocurriendo. Desde el mismo título. Él conocía lo que estaba pasando en China y sabía que eso se iba a extender a todo el mundo.

Cuando el miedo se convierte en algo colectivo, el ser humano es capaz de las miserias más grandes

P. Desde luego, el título es ideal. ¿La editorial es en estos momentos lo que más te llena?

R. Estoy en un proceso de expansión de la editorial, de fortalecerla y abrirla a nuevos mercados de la literatura. Estoy en un proceso muy creativo, aunque sea a nivel de empresa. Es un momento muy creativo para mí aunque sea dentro de la editorial. Quiero darle mucha fuerza y situarla a un nivel importante. Entonces, me entretiene mucho, la verdad. Me tiene muy atento y le estoy dedicando mucha energía. Pero no es lo que más me llena. Lo que más me llena, yo creo que es, puede parecer un tópico, pero es mi vida aquí en el campo; mi relación con este espacio y con todo lo que he ido construyendo alrededor de esta casa. Eso me llena muchísimo y me hace muy feliz, la verdad.

P. ¿Alguna vez te ha pesado el nombre de la editorial?

R. No, que va. ¿Por qué?

P. Porque es un nombre de peso en Córdoba. Aunque, todo sea dicho, ganaste el premio Ricardo Molina en un año en el que el jurado fue Pablo García Baena, y has publicado el último libro de Ginés Liébana. No debería pesarte, pero aún así, el nombre de Cántico es un nombre con mucha fuerza.

R. Es muy interesante el tema de Grupo Cántico, por cómo se ha gestionado y cómo se está gestionando en Córdoba. Eso da para mucho. A mí particularmente el nombre de Cántico me viene por el cántico espiritual de San Juan de la Cruz, que es uno de los textos más bellos que se han escrito en poesía. No obstante, también es verdad que para mí el Grupo Cántico ha sido un referente desde mi adolescencia. Y tuve la suerte de tener una amistad con Pablo García Baena y con Ginés Liébana. A Vicente Núñez llegué a visitarle una vez, allí en Aguilar, y pasé una mañana allí con él, pero no llegué a tener una amistad. Y luego a Julio Aumente también le vi una vez en Madrid junto con Luis Antonio de Villena y Félix Grande. Y ya está. A Juan Bernier no llegué a conocerlo, ni a Ricardo Molina.

Pero sí es cierto que ha sido un referente. Y cuando decidir crear este sello editorial, pues se lo pregunté a Pablo García Baena. Quedé con él una tarde, y le dije: “Mira, me gustaría crear un sello editorial y ponerle el nombre de Cántico”. Yo sé que el nombre Cántico puede resultar pesado y tener connotaciones que se pueden tildar de oportunista, pero sabiendo que eso estaba presente, opté más por el gusto personal y por un acto de autoafirmación personal. Hacer lo que quería. Y nunca me ha pesado, la verdad. De hecho me encanta el nombre de la editorial.

P. Y de hecho, hacer lo que querías hacer es bastante pablista. Y también muy mucho de Ginés. Por cierto, ¿cómo está? El suyo sí que puede ser un testimoniazo. Un tío que nació hace cien años, en pleno periodo de entreguerras, y que ahora está viviendo esto.

R. Sí. Y es que además se mantiene muy lúcido. Yo tengo una amistad con él muy bonita desde el año 96. Voy a visitarlo con frecuencia a Madrid. Y cuando voy a Madrid casi siempre me quedo allí en su casa. Y lo que me encanta de Ginés es que, con toda esa edad que tiene, y además de haber llevado una vida muy intensa, una vida de artista, de viajes, amoríos, relaciones sentimentales estrambóticas, relaciones súper importantes en el mundo del arte y la cultura general… Es una persona con un carisma muy singular, que ha tenido una vida muy nutrida. Una vida que se ha saltado a la torera todas las normas, porque Ginés ha hecho siempre lo que le ha dado la gana. Y su lucidez mental todavía, casi con cien años, es asombrosa. Y el sentido del humor que tiene.

El ser humano es como las ratas, nos adaptamos a cualquier cosa

P. ¿Has hablado con él últimamente?

R. Sí. Con mucha frecuencia. Estos días a lo mejor he hablando más. Un par de llamadas a la semana. Lo que hace básicamente es lo último que está escribiendo. Y es uno de los próximos proyectos de la editorial, sacar el último libro de Ginés. Él me va hablando, me pide opinión.

P. ¿Y sobre lo que está ocurriendo te ha hecho alguna reflexión?

R. Es que a Ginés no le gusta nada el drama. No se le puede mencionar nada parecido. Por ejemplo, recientemente ha fallecido Lucía Bosé, que es una gran amiga suya, aparte de que fueron amantes. Su vínculo con la familia Bosé es súper estrecho, y no me he atrevido a hacerle ningún comentario sobre la muerte de Lucía. Porque cualquier cosa que tenga que ver con la muerte o la enfermedad le afecta mucho. Entonces no hablamos mucho de lo que está ocurriendo. Prefiere centrarse en lo que está haciendo y en sus proyectos. Es que sigue pintando y sigue escribiendo. Es increíble, porque tiene una capacidad creativa brutal.

P. Me encanta la cita con la que se abre el libro de La Merde, una cita de Kipling. “Todos somos islas en un mar de mentiras” o algo así.

R. Sí. Es de Riilke la cita.

P. Creo que quizá una de las cosas que más va a cambiar esta época sea nuestra relación con la muerte. No sé si esto nos está exponiendo más a lo efímero de la vida. Lo que está claro es que ha cambiado hasta la propia concepción del rito. No nos dejan enterrar a nuestros muertos. No hay paz ni en esa muerte. Esta noción cultural se está viendo afectada.

R. Tú sabes lo peor: yo creo que cuando pasen cinco o seis meses, la gente se va a olvidar. La gente va a hablar de esto como una anécdota. Tú que te dedicas a la actualidad y a la información, sabes qué rápido escándalos que han sido primera página, al mes ya los ha olvidado la gente.

P. Sí, lo que pasa es que esta pandemia ha hecho que las opiniones y los artículos caduquen con una rapidez que nunca había visto. Nadie ha visto venir lo que está ocurriendo. Quien diga que sabía paso a paso lo que iba a ocurrir, miente. Yo a estas alturas pensaba que no iba a estar dando muertos y seguimos en ello. Probablemente dejaremos de contar los muertos, pero es que entonces estaremos contando algo peor.

R. Probablemente.

El amor al final es una cuestión de inteligencia emocional y de inteligencia social

P. Es verdad que el confinamiento puede acabar reducido a una anécdota. Pero lo que ahora no vemos, el presente continuo, no lo va a ser. Al final, yo no tengo ni idea de cómo vamos a salir de esto, pero desde luego sí creo que no vamos a salir igual que entramos. O peor o mejor, pero nunca igual.

R. Claro. Eso está clarísimo. Por eso hay que tener una actitud crítica, un posicionamiento de autoconciencia, no olvidar lo que está pasando, no olvidar cómo nos han reprimido y nos han quitado un montón de derechos de repente y saber estar bien ubicados para todos los cambios que esto va a suponer. No evadirse con tonterías tipo “ya podemos salir, que bien, fíjate”. Porque será una ilusión. Porque estoy contigo. Esto va a peor. Y tener siempre una posición muy crítica, muy antisistema, en general, sin acomodarnos a lindeces bastante edulcoradas, cuando la situación actual es la que es y todos los derechos que habíamos conseguido han sido machacados. Y cuando se están buscando justificaciones para destruirlos del todo. Entonces, hay que fundamentar y mantener esa actitud crítica.

P. ¿Y el amor? Me agarro a tu último poemario para ello, Lo que nunca te dije. ¿Sabemos que confinamiento es soledad, pero confinamiento es amor?

R. (Se ríe)

P. ¿Cuéntame, cómo va a salir el amor del confinamiento?

R. Yo creo que para las parejas desgastadas que han tenido que convivir tanto tiempo el amor va a salir desgastado. Pero, también es cierto que las personas que saben aprovechar las oportunidades han podido desarrollar una cultura de amor mucho más sólida, mucho más fuerte. Todo depende de la actitud personal de cada uno. El amor en sí es un tema para dedicarle tiempo. Porque también están cambiando las concepciones y las formas de vivir el amor. Está cambiando mucho esa política del cariño, los cuidados y los afectos. Porque tras ese concepto de amor hay toda una estructura social y una política social. Pero bueno, vamos, yo por ejemplo, en tu caso que te veo amorosamente también, no puedo hablar en términos negativos.

P. Jajaja. Bueno llevamos un año casados, no estamos en la fase de salir trasquilados, aunque algún roce hay. De todos modos, el amor, como la belleza, es un concepto que trasciende lo personal.

R. Sí. Totalmente. El amor al final es una cuestión de inteligencia emocional y de inteligencia social. Una persona inteligente es perfectamente capaz de cultivar una relación de amor que puede durar siempre. No tiene por qué desgastarse ni caer en los tópicos de la incredulidad ante esa apuesta. Pero claro, hay gente que no tiene esa inteligencia. No es frecuente. Hay que agudizarla. La verdad es que yo particularmente soy un desastre. Yo con las relaciones soy un desastre. Nunca he sido capaz de cultivar una relación de amor estable y fuerte.

Necesitamos herramientas cognitivas y valores culturales que nos permitan sobrevivir al puñetazo de la realidad social

P. Eso es porque, al contrario que a Ginés, te encanta el drama.

R. (Se ríe) No te creas que me gusta tanto el drama.

P. ¿Te ha ayudado a quitarle hierro al drama haber vivido la enfermedad por la que acabas de pasar?

R. La verdad es que no le quiero dar demasiada importancia a mi enfermedad, aunque soy consciente de que la enfermedad es grave. Y mi cuadro lentamente, pues va empeorando. Me tenían que hacer una serie de valoraciones para pensar en una operación un tanto delicada, pero claro me llamaron diciéndome que, con todo lo que ha pasado, pues hasta el año que viene que me olvide. Entonces, pues nada, estoy llevando una vida lo más tranquila posible, con mi oxígeno puesto. Y ya está. En su momento lo pasé un poco mal. Cuando me vi de repente enganchado a unos tubitos las 24 horas. Pero bueno ya lo tengo totalmente normalizado y lo llevo bien. Lo que tenga que pasar que pase y ya está.

P. Es importante naturalizar esto, que el ansia de vivir se impone por encima de todo.

R. Sí, claro. También a lo mejor por eso inconscientemente me he volcado en desarrollar proyectos. Sí, tal vez ante cosas como este tipo de eventualidades, lo mejor es ponerse las pilas y ponerse a hacer cosas.

P. Lo mejor del confinamiento es ver como la vida se abre paso allí donde antes campaba el miedo. Hablo de los videos estos de animales que de repente, atraídos por la quietud, entran en las ciudades y las recorren, reconociendo un espacio que antes les estaba vetado. Como metáfora es apabullante.

R. Totalmente. Fíjate que en la Plaza de San Marco de Venecia hay delfines, tío. Las aguas de los canales de Venecia están cristalinas. Y en las mismas ciudades los jabalíes, los corzos… Todo lo que está pasando es como muy ficción. Como una película. Es lo que decías antes, la realidad ha superado a la ficción.

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